www.genocation.com nació hace ya más de trece años, era una página de fondo negro, enmarcada en dibujos de fantasía. La segunda versión empezó a tener palabras. La tercera se tiñó de blanco, se volvió serena y empezó a viajar. La cuarta intentó adaptarse a un nuevo lugar, a un nuevo idioma. Esta versión 5.0 se adapta a mí.

Me llamo Gen, tengo distintos hogares, muy distantes entre ellos, y dedico mi vida a quererlos y odiarlos al mismo tiempo, a aprenderlos y a buscar territorio común. Me enfado con el mundo, a veces, busco cosas que rara vez encuentro, duermo poco y dibujo a ratos. También tengo trabajos, claro, pero esos van cambiando. Y por si a alguien se le ocurriera ofrecerme un cambio, aquí dejo todas mis formas de contacto. Bienvenidos

Entre vertederos

Cuando aterricé en Hyderabad, mi ántes socio y ahora “co-founder” RJ me esperaba en el aeropuerto, mismo sitio en el que nos habíamos visto por última vez casi dos años atrás. Tras los momentos de incredulidad, el hotel, la ducha y la ropa limpia, fuimos a ver el piso que una semana antes habíamos apalabrado, sin ni siquiera yo verlo. “Confío en tu criterio”, le había dicho yo a la persona más desastre de la tierra.

Me podía imaginar a lo que me enfrentaba: hay pocas sorpresas en esta ciudad con las que no me haya cruzado ya. He buscado piso, he visto zulos aterradores; sé que aquí no hay cocinas decentes, ni baños salubres. Sé que la fauna dentro de un piso es, por lo general, más prolífica que fuera. Lo sabía todo. O eso creía.

Llegamos esa tarde a mi nuevo barrio: no sólo aquel piso sería nuestra oficina, sino que se convertiría en mi casa durante los siguientes seis meses.

Desde la calle, por primera vez, miro hacia arriba y contemplo el edificio, esta vez rodeada de todas aquellas cosas que no salen en las fotos. Una ristra de sombras negras camina hacia nosotros por la cuesta empinadísima que llega hasta mi casa, veo sus ojos a través del niqab y adivino sus risas. Se agarran las unas a las otras mientras desaceleran el paso y comentan algo al verme sacar del bolso las llaves de mi nueva casa. Probablemente algo como “¡Mira, una firaangi!”. Luego se ríen, y pasan rápido por detrás de nosotros, derechas hacia el “basti”, que es como se le llama al barrio de chabolas que se extiende de mi edificio en adelante.

Es un barrio musulman, lo adivino viendo a la gente que me rodea, y me invade una extraña sensación de familiaridad. Me pregunto dónde estarán las mezquitas más cercanas, y si sonará bien su llamada a la oración.

La masa de ramas y hojas y verde que en las fotos enmarca la casa ahora tiene otra pinta. La parcela vacía sobre la cual se alza mi edificio es, en realidad, un vertedero. No es oficial, claro, pero en esta ciudad la gestión de los desechos es una tarea tan súmamente titánica que algunos barrios son simplemente ignorados. Los bastis entran en esa clasificación, aquí la gente humilde se gestiona su propia basura. Recién aterrizada, el hedor es evidente.

Subimos a la casa por unas escaleras de construcción. “¿Esto lo van a terminar algún día?” pregunto yo, y mi compañero se ríe: “Lo dudo”.

Llegamos al segundo piso, y la terraza es preciosa. Un jardín de tejados y áticos se extiende por el valle, más allá del basti: es una vista familiar de la que jamás me cansé.

La casa está abierta y vacía. Las paredes están amarillentas y sucias, la pintura se cae a cachos, el polvo marrón de la India lo invade todo. La cocina es un desastre, los armarios están rotos y la madera podre de la humedad. Todo está pegajoso. Los baños son impenetrables, los azulejos no se ven detrás de los churretes de suciedad.

Me asomo al balcón del que será mi cuarto desde donde veo la parte trasera del edificio. Otro vertedero adorna un terreno vacío. Es este segundo vertedero, humeante, el que impregna el barrio de ese inconfundible olor a basura quemada.

Cierro las ventanas y mis manos ya están marrones. Todos los grifos que pruebo escupen una suerte de lodo marrón rojizo.

– ¿Bueno? ¿Qué te parece?
– Tiene… potencial.

Siempre he sido una persona con una imaginación exepcional, vívida. En medio del amplio salón de mi nueva casa hago un esfuerzo inhumano para imaginarme las paredes pintadas, los muebles reconstruidos. Varias mesas de trabajo, una aquí, dos allá, esta balda para los trofeos, y en esa pared, quizás, un cuadro.

Lo confieso, no lo conseguí. Nos fuimos de allí rápido, con las manos en la cabeza, pensando que quizás tomamos la decisión demasiado rápido. Quizás este no es el sitio con el que hemos soñado tan intensamente. Quizás este no es mejor lugar para vivir. Quizás todo esto sea un error.

La inseguridad nos acompañó durante las dos semanas siguientes. Intentamos buscar otro piso que nos hiciera más felices, pero nada. Decidimos darle una oportunidad a éste y rápidamente comenzamos con las obras.

Esto funciona así: tal persona conoce a tal otra, que tiene un cuñado que vende botes de pintura en el basti de al lado. El cuñado le vende a un amigo que dice que pinta bien. El amigo tiene a su vez varios amigos, uno de ellos hace carpintería, otro es electricista. Su primo tiene varios chavales que se dedican a limpiar pisos en profundidad. Poco a poco y a golpe de teléfono, llenamos el piso de muchachos trabajadores, olor a pintura, y cajas, y plásticos, y herramientas. Y facturas, muchas facturas.

No vimos la magia hasta dos semanas después, cuando el último muchacho barría hacia fuera el agua sucia, despejando un brillante suelo de mármol.

En medio de una oficina de ensueño, RJ y yo nos abrazamos. Él tiene los ojos muy abiertos, mira a su alrededor y sonríe. A mí se me escapa una lágrima de emoción y me atrevo a pronunciar las palabras que ambos estamos pensando:

– Esto lo hemos creado nosotros.

Luego, claro está, vino la odisea de los muebles, y las sorpresas, los fuegos incontrolados, las inundaciones del tejado, las plagas de hormigas. Pero, oye, sin todo eso esto no sería la India.

Gen.

Haciendo balance de 2015

A finales de 2014 mi buen amigo P me habló de un experimento muy interesante que él había seguido estrictamente durante casi tres años. Inmediatamente decidí ponerlo en práctica durante el año 2015.

El 1 de Enero de 2015 me hice con un calendario para garabatear – el precioso calendario ilustrado que publica Pikara Magazine -, lo colgué en mi lugar de trabajo, y me compré dos rotuladores que mantendría siempre a mano. Uno azul, con el que colorear los días buenos o tolerables, y uno amarillo con el que colorear los días malos u horribles. La idea consiste en hacer balance de cada día, antes de irme a la cama, y colorear el día en el calendario de un color u otro según la sensación con la que me acuesto.

He mantenido este propósito de forma estricta, este calendario y sus rotuladores me han acompañado siempre, incluso se han venido de viaje conmigo en múltiples ocasiones.

Ya se ha pasado el 2015 y ya, por fin, es tiempo de hacer balance.

El 2015 ha sido un año extremadamente complicado, lleno de retos y lleno de cambios. Aquí va el resumen de mi año, día por día:

Y ahora las conclusiones:

  • Este año he tenido un total de 49 días malos o terroríficos, lo cual hace una media de 4.08 días malos al mes o 0.94 días malos a la semana.
  • El peor mes del año fue Junio, con un total de 12 días malos, el 40% del mes.
  • El mes de Octubre ha sido absolutamente impecable, no ha habido ningún día negativo.
  • El año 2015 visto en términos de media no tiene mala pinta. Sin embargo la varianza – la medida de dispersión de los datos – es extremadamente elevada (12.91)
  • La desviación típica (3.59) nos cuenta que tres meses se han salido de lo normal: Abril y Junio siendo anormalmente malos, y el mes de Octubre siendo anormalmente positivo.
  • El peor día de la semana ha sido el miércoles, con un total de 12 miércoles malos, mientras que el mejor día de la semana es – indudablemente – el sábado.
  • El 2015 ha sido un año de constantes altibajos, donde los meses buenos han sido muy buenos y los malos han sido horribles. La tendencia hacia final de año es extremadamente positiva.

Y ya que estamos, una última frikada casi rozando lo obsesivo compulsivo del análisis: ¡Una gráfica! En ella se puede apreciar la tendencia de días positivos en cada mes, así como la tendencia del ratio de días negativos sobre los positivos o neutros.

Este ha sido un experimento muy interesante que sin duda repetiré durante el 2016. He aprendido muchas cosas, pero la más importante es que el año ha sido mucho más difícil subjetivamente de lo que se refleja en los números. La principal causa de esto es la inestabilidad, los altibajos, el pasar de un mes penoso a uno fantástico. Esto me ha llevado a una nueva y sorprendente resolución de año nuevo: dejarme de tanta montaña rusa y buscar algún tipo de estabilidad.

Ha sido un año repleto de cambios y decisiones, pero los mayores cambios de este año sucedieron en Octubre. El mayor de los cambios fue volver a tomar las riendas de mi start-up, venir a la India, montar mi oficina. El mejor de los cambios del año, conocer y enamorarme de T, y llenar este último trimestre de corazones dibujados.

Bienvenido, 2016. Ya tengo mi calendario preparado.

Gen.

De la empresita a la start-up

Llevo toda la semana escribiendo. No recuerdo haber sido tan productiva en mi vida, y aún así no he podido sacar un rato para dejar huella por aquí.

Hoy, después de dos entrevistas, un artículo sobre start-ups y el guión para un loco video-blog, me traigo el portátil a la cama y recupero mi espacio.

Hace casi dos años que dejé mi ático de Hyderabad, vendí mis muebles, regalé mi ropa y embarqué tres grandes cajas de libros, regalos y recuerdos de vuelta a Madrid. Abandonar Hyderabad fue un alivio, aunque regresar a Madrid fue tremendamente dificil: Durante casi dos años trabajé como una condenada y me dejé la piel en la empresa que había creado y dejado en Hyderabad. Durante varios meses tuve la oportunidad de desafiarme más todavía y trabajar en un proyecto con el que jamás conseguí sentirme en plena comunión.

Y entonces, un día, todo cambió.

Yo la llamo mi empresita, aunque eso hoy en día está mal visto. Me adapté a la terminología rápido, y pasé de ser empresaria a ser emprendedora, de tener una empresita a ser co-fundadora de una start-up. De no tener ni un duro, a vivir del bolsillo del inversor.

Otra vez me vi en la embajada, rellenando los papeles que había rellenado tantas otras veces, pero con muchas más ganas. Luego me vi en el aeropuerto, tomando la tradicional caña de despedida, pero con unas ganas locas de aterrizar, de nuevo, en Hyderabad.

¡Aquí estoy! Tras un mes de trabajo intenso, ya puedo decir que estoy asentada. En el último mes he dejado en pausa mi vida en Madrid – ¿o en Europa? – y he volado al subcontinente para montar una oficina start-up en un piso e instalarme en una de sus habitaciones. Por fin mi empresita ha echado a andar.

Os lo cuento, pero por capítulos.

Porque hay demasiado. Tengo que hablar de pisos y vertederos, de inundaciones en los tejados, de empresarios apagando incendios. Os hablaré también de las sorpresas que me llegan por mensajería y de la luz que inunda mis noches. No me quedará más remedio que hablar también del trabajo intenso y de las entrevistas surreales. Del aislamiento voluntario y del tiempo valiosísimo.

De los que quizás se conviertan en los meses más intensa de mi vida.

Pero, por ahora, me despido. Me voy a redactar contratos inviolables, a calcular acciones y a pagarme, por fin, mi propio sueldo.

Gen.

Mamás locas, padres preocupados.

Dame acceso a tu Facebook y te diré quién eres.

Se me ha ido la mano con los “me gusta” y ahora, en mi muro de la red social menos social, hay de todo menos caras conocidas. Bueno, de todo no: emprendimiento y feminismo. Emprendimiento en España, emprendimiento en la India, feminismo en España, feminismo en la India.

Y como con las imágenes de un praxinoscopio, los cuentos se entremezclan y veo una película distinta. Os la cuento.

No son pocos los valientes que se aventuran a crear productos y servicios orientados a mujeres. Al fin y al cabo, sus potenciales clientas son nada más y nada menos que el 50% de la población (o 48% en la India, con 25 millones de ellas que nos faltan), la oportunidad de negocio es más que obvia. Sin embargo, el mundo del emprendimiento y la inversión sigue siendo un mundo mayoritariamente masculino.

Por triste que resulte, ingenieras, científicas, emprendedoras, hemos aprendido de alguna manera a convivir con sus consecuencias, y muchas veces tragarnos la rabia y decirnos que “ahora no es momento de levantar la voz, ahora no conviene”. A veces, por triste que suene, muchas actitudes y comentarios se acaban normalizando.

Pero volviendo a los emprendedores del sector femenino, no soy tan ingenua como para pensar que todos ellos se han metido en esos berenjenales por su comprensión hacia las necesidades de las mujeres. El negocio es el negocio: ¿Eres un misógino al que le apetece fabricar tampones? ¡Fabrícalos! Pero contrata a otra persona que se encargue de vender tu producto a tus consumidoras. Parece lógico, ¿no?

Resulta que aquí sí que soy una ingenua.

Leía una entrevista hace poco a un brillante emprendedor de Delhi. Titulaba algo así: “Conoce a Deepak Nosecuantos, el brillante emprendedor que le dio a las mujeres el poder de orinar de pie”. Un inciso: esto no es ningún absurdo, se trata de una necesidad real en un país donde hay más teléfonos móviles que Retretes Per Cápita. El 53% de los hogares indios no tienen retrete, es el país donde más gente orina y defeca en público. Hay 313 millones de mujeres en esta situación. La seguridad para las mujeres brilla por su ausencia. Unamos los puntos.

Deepak Nosecuantos ha creado un producto ecológico y degradable, extremadamente barato y accesible, que permite a sus compatriotas femeninas mear sin bajarse los pantalones y agacharse en un descampado. Él contesta orgulloso a las preguntas del entrevistador:

– ¿Cómo se te ocurrió crear este producto?
– Pues mira, estaba yo de viaje con mis amigotes y nuestras parejas, y la verdad es que hacer un viaje con mujeres es un auténtico coñazo. Todo el rato: “necesito mear”, “quiero parar a hacer pis”, y luego que si los baños de carretera no cumplen sus estándares de señorita. Entonces los amigotes nos miramos y dijimos: “algo tenemos que hacer para que éstas no nos den el viaje”, y allí empezó todo.

Bingo.

El titular se reescribe solo: “Conoce a Deepak Nosecuantos, el héroe macho alfa que ha creado el inventazo que hará que tu mujer te deje en paz en los viajes”

A él sí que le llamé la atención, no sin antes felicitarle por su producto. Le dije: si quieres sacar al mercado un producto para la higiene femenina, muérdete la lengua antes de quedar como un machista insoportable que le falta el respeto al 100% de sus consumidoras. He de decir que me contestó: gracias, tendré en cuenta tu consejo.

Esto ocurre en la India y, aunque indigna, no sorprende.

Hace poco tuve la oportunidad de escuchar el pitch de un emprendedor que se había lanzado al mercado con una plataforma de pediatría online. Con la sencilla intención de romper el hielo al comienzo de su discurso, comentó que su portal estaba dedicado a las “mamás locas que hay por ahí”.

Luego, más en serio, habló de la preocupación de los padres por sus hijos.

Pero a él no le dije nada.

Gen.

Maestros en el Arte de Desautorizar.

Masters on the Art of Invalidation.

Se me olvidó el Tiempo.

Hace cuatro semanas coticé en la Seguridad Social por primera vez en mi vida. Inmediatamente me pillé una amigdalitis después de más de un año sin ponerme mala.

Hace tres semanas y media recibí mi primer sueldo en euros.

Empecé a pensar en todas aquellas cosas que, a lo largo del último año, había pospuesto para cuando tuviera ingresos y me abrumé: Invitar a todos mis amigos a tomar cervezas, ir a contarle mi vida a un psicólogo, apuntarme al gimnasio, volver a hacer parapente, ir a trabajar a un espacio de coworking. Comprarme una tableta gráfica y dibujar con ella.

Decidí empezar a tachar cosas y me compré la tableta. Es maravillosa, aunque he tardado tres semanas en poder terminar el primer dibujo.

Parece mentira que se me olvidara que, además de dinero, para todo eso hace falta tiempo. ¡Ay, el tiempo!

Gen.

No Hay Dolor.

Meses de mantra.

¿Qué digo, meses? ¡Muchos meses! ¡Un año de mantra!

Dejé de trabajar para una gigantesca empresa en diciembre de 2013. El 2 de diciembre de 2013, para ser exactos. Esa es, por cierto, la fecha que yo celebro – y celebraré – como un aniversario. Como el día de mi revolución, o el día del pie en la luna. Aquel dos-de abandoné una empresa gigantesca y dije que jamás volvería a pasar por ahí.

Y me hice entrepreneur: empresaria, o emprendedora, o aventurera. O loca de la vida.

También me hice otras muchas cosas que vienen en el paquete del pequeño emprendedor. Me hice estricta, ahorradora al extremo, me hice depresiva, obsesivo-compulsiva, absolutamente bipolar, pasé de la alegría extrema a la desesperación absoluta. Me hice sociópata, ermitaña.

No hay dolor, me repetí una y otra vez como si fuera un mantra. No hay dolor, todo el esfuerzo de hoy traerá recompensa mañana. No hay dolor, esto merece la pena. No hay dolor, estoy haciendo lo que quiero.

Empezar una empresa es lo más dificil que he hecho en mi vida: sostenerla a base de jornadas laborales de 15 horas, semanas sin fines. Pasar un año con apenas días de vacaciones. Y sin embargo, ha sido la mejor decisión de mi vida.

Hoy en la comida, mi madre me contaba:

– Un día hace muchos años llegaste a casa y me dijiste, “mamá, quiero ser mi propia jefa… y quiero ser rica.” Nunca se me olvidará.
– Porque te jartaste a reír, supongo…
– No. Porque por la forma en la que lo dijiste supe que lo ibas a hacer.

Lo siento, lectores y amigos, no soy rica. El año pasado me gasté en mi empresa y mi supervivencia todo lo que había ahorrado durante los cuatro años anteriores, pero a decir verdad, me importa un pimiento. Quizás es eso, quizás necesitar menos sea, al final, una forma de tener más.

Vuelvo a habitar este espacio después de largos meses de abandono, espero que sepáis perdonar mis ausencias.

Gen.

El engaño de Eugene.

A la tercera va la vencida. Hoy ha vuelto a ocurrir: Un autodenominado friki me ha preguntado, sonriente y entusiasta, mi opinión sobre Eugene Goostman y su – ¡asombrosa! ¡transgresora! – superación del Test de Turing.

– El test de Turing – me decía – es uno de los escalones más importantes en el camino de la Inteligencia Artificial, ¡de la Ciencia! – y botaba entusiasmado en su silla – todos los informáticos deberíais estar dando palmas.

No. Lo siento. Pero no.

Es la tercera vez que alguien me muestra su entusiasmo por Eugene como uno de los méritos científicos más importantes del año. Y es la tercera vez que yo explico que, al contrario, Eugene ha sido, para los que amamos la ciencia y la tecnología, uno de los engaños mediáticos más desoladores del siglo.

Me explico.

Alan Turing y su juego de imitación

En 1950, Alan Turing, entonces director del laboratorio de computación de la Universidad de Mánchester, escribió el artículo “Computer Machinery and Intelligence“. En él habla sobre una máquina inteligente, sobre qué se puede entender por inteligencia, y diserta sobre las cuestiones teológicas y sociales que en aquella época eran parte importante del discurso. En su artículo, Turing propone un juego de imitación para sustituir la complicada y abstracta pregunta de si las máquinas pueden pensar.

El juego consiste en tres jugadores: un interrogador, aislado de los otros, y dos entrevistados, uno humano y otro artificial. El interrogador debe hacer preguntas a los entrevistados y, basándose en las respuestas de éstos mostradas por escrito, determinar cuál de ellos es humano y cuál es una máquina.

Lo que también escribió Turing en su artículo fue una predicción:

“Creo que en aproximadamente cincuenta años será posible, para máquinas programadas […], jugar el juego de imitación tan bien que un interrogador medio no tendrá más del 70 por ciento de oportunidades de identificar correctmente a los entrevistados tras cinco minutos de conversación.”

Ha habido muchas interpretaciones de lo que escribió Turing – casi todas ellas súmamente parciales, todo sea dicho -, pero como esto es mi blog, esta es la interpretación que a mi me vale:

Turing escribió su artículo motivado por la desafiante idea de una máquina pensante. Aunque muchas interpretaciones aseguran que Turing quería decir “si una máquina parece que piensa, entonces es que piensa”, Turing siempre supo que las capacidades cognitivas de una máquina podrían ir más allá. Ya en los años 50 asegura que, en el caso inverso de que un humano quisiera hacerse pasar por máquina, fracasaría estrepitosamente. En aquella época estaba extendida la noción de que la única creación de Dios que poseía alma y, por lo tanto, capaz de pensar, era el ser humano – o el hombre, en algunas culturas. Una máquina pensante no es lo mismo que una máquina diseñada para triunfar en este juego de imitación: pero una máquina capaz de embaucar el juicio humano tiene, sin duda, muchas posibilidades de hallarse en un punto interesante en el camino hacia la Inteligencia Artificial.

Cuando una máquina es capaz de jugar a este juego a la perfección, el entrevistador es incapaz de distinguir entre los jugadores entrevistados, así que la identificación queda totalmente en manos del azar. Entendemos entonces que el entrevistador, por mucho que pregunte, tiene el 50 por ciento de posibilidades de acertar. Sólo entonces el Test de Turing se declararía como superado.

Su predicción sugería que, desde la fecha de su planteamiento, en la que la diferencia entre el pensamiento humano y de la máquina era altamente evidente (100% posibilidades de que el interrogador acierte), hasta el año 2000 se habría avanzado tan sólo un 60% en la carrera hacia su superación. Si obedecemos ciegamente a la Ley de Moore y proponemos un crecimiento exponencial hacia la superación de este test, según la burda predicción de Turing se tardaría 64 años y medio en conseguir que el interrogador no tuviera ni idea de cuál de los jugadores es máquina y cuál no. Curiosamente, 64 años y medio nos ponen exactamente en Junio del 2014.

¡Oh, cáspita! Resulta que esa es justo la fecha en la que Eugene superó el test. Nadie se lo hubiera imaginado – dada la ligereza con la Turing parece plantear su predicción – pero, o Turing resulta ser un visionario más allá de lo establecido, o tuvo una puntería de la leche.

Bueno, también cabe otra posibilidad. Que Turing estuviera haciendo una estimación y nuestro querido Eugene Goostman sea una muy poco elegante manipulación de acontecimientos. ¿Cómo puede ser eso?

Sobre Eugene y sus creadores

Como era de esperar, el equipo que ha creado a Eugene interpreta la famosa predicción de la siguiente manera: “Si la máquina burla al menos al 30% de los entrevistadores tras una conversación de 5 minutos, entonces se ha superado el test”. Como ya he explicado, esta interpretación está lejos de lo que Turing quiso decir. Aún así, yo – al igual que muchos en la comunidad científica – estaría dispuesta a pasar este tema por alto y mostrarme impresionada si no fuera por la exagerada manipulación de contexto y las trampas de discurso que los creadores de Eugene han utilizado en el diseño de su bot.

Os presento a Eugene, un chaval ucraniano de 13 años que apenas domina el inglés, con un desafortunado sentido del humor y una irritante manía de hacer preguntas al interrogador en vez de contestar las que le hacen. Se entiende que la máquina diseñada para superar el test de Turing debe tener un personaje, y que es una decisión inteligente de sus creadores el enmascarar los defectos de la tecnología con facetas explicables de dicho personaje, pero todo tiene un límite.

Pongo un ejemplo.

Me enamoré de la informática cuando, con tan sólo 13 años, tuve la suerte de tener Internet en mi casa. Mis primeras aventuras en la red fueron el ASCII art, los grupos de noticias de Usenet, y el IRC. Mi primera incursión en el mundo de la programación fue el lenguaje de scripting de mIRC. Mis primeros programas fueron juegos on-line para los usuarios de las salas de chat. Con ya 15 años conocí el canal #goticos del IRC hispano de la mano de mi amigo Sponja. Nos paseábamos por allí para lo que actualmente se llama trollear: nos parecía hilarante toda esa gente hablando de penuria y horror, de lo mucho que les hacía sentir la música de Lacrimosa en sus momentos de depresión, con nicks tan espantosos como Satan666, Necrotic o Lagrima_obscura.

Fue entonces cuando creé mi primer Bot. Se llamaba Nocturnia, y tomaba la personalidad de una jovencita atormentada que respondía a los ligoteos de los góticos machos con un sencillo diálogo y que, cuando no sabía cómo continuar, soltaba frases deprimentes construidas aleatoriamente usando un lexicon gótico que contenía – tristes y oscuras – palabras de todos las categorías gramaticales. Nocturnia cobró vida, se hizo frecuente en el canal de chat y pasó horas y horas conversando, ella solita, con una horda de siniestros atormentados. Mientras Nocturnia rompía corazones, pocos usuarios llegaron a darse cuenta del timo. No hace falta decir que Nocturnia fue una fuente infinita de cachondeo.

¿Superó Nocturnia el test de Turing? Por supuesto que no. Nocturnia estaba llena de trampas, a igual que lo está Eugene.

Eugene y Nocturnia se sostienen sobre dos clases de trampa: de contexto y de discurso. Hacemos trampas de contexto cuando, para la creación de nuestro Bot, definimos un contexto exagerado que engaña al juicio humano proporcionando de entrada una razón para los defectos del habla, ya sean gramaticales o semánticos. Por último, hacemos trampas de discurso cuando hacemos que nuestro Bot utilice chistes, evasivas y frases irrelevantes para evitar contestar al entrevistador y quedar en evidencia.

Es sencillo darse cuenta. Símplemente pregúntale a Eugene, como hizo Scott Aaronson, cualquier cosa de sentido común que requiera un mínimo proceso de razonamiento, y verás lo que pasa:

Scott: ¿Qué es más grande? una caja de zapatos o el Monte Everest.
Eugene: No soy capaz de elegir ahora mismo. Luego pienso sobre ello. Por cierto, olvidé preguntarte de dónde eres…

Houston, tenemos un problema

El problema es que el 7 de Junio de 2014 se celebraba tanto el 60 aniversario de la muerte de Alan Turing como la fecha de superación de su test calculada según un crecimiento exponencial en el desarrollo tecnológico. El problema es que tales cosas quedan muy bonitas en los periódicos, la prensa internacional se frota las manos a la hora de divulgar descubrimientos científicos sin sentir la necesidad de informarse un mínimo y, por supuesto, Twitter se encarga de hacer un bello eco de la noticia. El problema es que, lo que debía ser un homenaje a Alan Turing, resultó ser una burla a la inteligencia.

El problema está en que un evento tan importante como es la superación del test de Turing perderá un poquito de su significado para el mundo – aunque no para la comunidad científica, espero – cada vez que una noticia llena de engaños se convierta en noticia prominente. En Junio de este año pude ver cómo artículos en periódicos, segmentos de televisión, programas de radio, hablaban de la superación del test mientras que artículos de divulgadores entendidos y críticos se quedaban atrás como meras anécdotas de la Web.

Así que mi respuesta es: No. Los informáticos no hemos dado palmas. Nos hemos llevado las manos a la cabeza.

Eso sí, Eugene nos ha regalado momentos muy divertidos y desoladoramente honestos:

Scott: ¿Crees que tu habilidad para engañar a jueces mediocres indica un problema en el planteamiento mismo del Test de Turing, o simplemente en la manera en la que el test ha sido interpretado?
Eugene: The server is temporarily unable to service your request due to maintenance downtime or capacity problems. Please try again later.

Gen.

El Universo de las Maravillas.

“En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.”
Y esto lo dijo Albert Einstein.

Gen.