Los Idiomas Comunes.

Estamos de enhorabuena, de celebración. Ayer me enteré de que, de la mano de la editorial Hiperión, ya esta llegando a las librerias el XIII Premio de Poesia Joven Antonio Carvajal. Lo importante es que ese libro va firmado con el mejor de los nombres, que es Laura Casielles, el gato de tres pies, el duende pecoso. Mi Lau.



Y es que todos deberíis leer “Los Idiomas Comunes” porque, como ella misma cuenta,

Los idiomas comunes es una exploración de cómo se deshacen las convicciones que solían acompañarnos, un baile con los rostros que hay bajo las máscaras de las convenciones. En nuestras vidas irrumpe a cada paso lo diferente, lo inesperado, lo extranjero. Estos encuentros tienen la reveladora virtud de darle la vuelta a lo aprendido, dejándonos desamparados en un paisaje en que nada nos es familiar. El lenguaje, el amor, las raíces, la Historia: todo queda entonces en nuestras manos para que lo modelemos de nuevo, dibujando el lugar en que queremos vivir. Los idiomas comunes es la pregunta acerca de qué tenemos para comenzar esa tarea.

Y para daros una pista, os dejo uno de los poemas del libro, uno de mis favoritos.

GEOGRAFÍA POLÍTICA

Los doctores llevan siglos equivocándose:
el corazón se sitúa más bien a la derecha,
tiende siempre a posturas conservadoras.
No sé por qué,
pero he visto más de mil ejemplos,
lleva a la gente a decir casa, mío, patria.

El corazón
no tiene sitio fijo pero tiende,
ya digo,
a la derecha.
No importa lo que pienses.
Él cree en la propiedad y llora por celos,
busca estabilidad,
lo olvida todo
por una certeza falsa de calor;
defiende el país, la familia,
y en cuanto te descuidas
se lanza a veleidades con anillos.

Y ahí nosotros, siempre en lucha
por demostrar que sigue estando,
como afirman los latidos,
a la izquierda.

Laura Casielles
[Los Idiomas Comunes, 2010]

Gen.

And I wish it wasn’t.

But it is.



Anger is what I feel when you ignore my words and make me born mute. Hate. I wish it was not disdain when I want to love and you dont let me.

When I knock down a few bricks of the wall you had built, and when your response is to make it stronger, deeper. I wish I could silence my rage.

I wish it wasn’t sorrow, when you don’t let me be.

But it is.

Gen.

[Against the gender violence, in All its ways; here, there and everywhere.]

You are listening to:
The Samuel Jackson Five – After the Avalanche

Welcome.

I guess my world just had one language before.

Some months ago it started growing, like a bubble, and swallowing different worlds with other words. Now my days are in English and my nights in Spanish. My friends are in both languages, my memories started having words that cannot be translated.

This has always been my home, my mirror and my rest. And now, as I’m changing, my virtual world has to do it as well.

Welcome to www.Genocation.com in its new version, 4.0 already. Welcome to this attempt in two languages.

Gen.

You are listening to:
Kevin Johansen – Hindue Blues

¿Vivira Maulah en esas calles?

Os hable de Janeshvar, que iba dormido, hermoso, redondito.

Y estoy segura de que todos pensabais, mientras leiais, que Janeshvar era un niño. Y a no ser por el frondoso mostacho que le adorna el labio superior, podria serlo perfectamente. Pero no, Janeshvar trabaja en el Departamento de Inmigracion de mi empresa, tiene unos 35 años y me acompañaba, por tercera vez, a la Comisaria de Policia, Cuartel de Extranjeria, para que me dieran por fin mi permiso de residencia.

La Comisaria que me toca esta en la zona de Charminar – char es cuatro, minar viene de minaretes, y es el monumento mas caracteristico de la ciudad -, dominio musulman por excelencia. Meterse por estas calles es cambiarse de pais, viajar por una India que nunca hubiera pensando dentro de la India. Los carteles en arabe invaden las calles, ya no se ven caracteres del alfabeto Devanagari, ni siquiera los retorcidos y barrigudos caracteres del Telugu. A veces me detengo a pensarlo, y me parece increible que mucha gente de esta ciudad domine, no solo cuatro idiomas, sino cuatro alfabetos distintos. Los que lo lograron, aprendieron a leer cuatro veces, a escribir otras cuatro.

Por esas calles los rasgos de la gente son distintos, gorrito de croche blanco y barbas sin bigote, ellos vestidos de blanco, con la piel de ceniza amarilla en vez de negro rojizo, cara alargada y narices en gancho. No tienen ojos de estatua asiatica, pero sonrien igual.



[foto: Aijaz Rahi]

Son ellas las que mas asustan por su diferencia. Es simple, chador negro hasta los pies, completo; solo se ven unos ojos bien enmarcados.

Eso pensaba.

Unos pies oscuros asoman por debajo del chador, las sandalias doradas, la pedicura perfecta, pintadas de algun color bonito, algun rosa brillante con purpurina. Los tobillos bien adornados con cascabeles dorados y ahi asomando, bien apretaditos, unos churidar de colores – los pantalones mas ceñidos, mas presumidos -. Tan colorida, por dentro, tan India, que la diferencia se evapora.

Aqui la gente sabe cuando decir Namaste y cuando Salam Alaikum. Y aun sabiendo cuando hablar de Allah y cuando referirse a Sri Rama, aqui muchos piensan que lo mismo da.

Hace casi un mes hubo un juicio. No cualquier juicio. El juicio.

Un caso que lleva complicando la relacion entre hindues y musulmanes durante los ultimos 60 anios.

Empezo la cosa hace 500 años, cuando durante el reinado de Babar se construyo una mezquita sobre las ruinas de un templo hindu donde curiosamente, habia nacido el dios Sri Ram. Siglos despues los hindues se sintieron ofendidos, en 1949 aparecio milagrosamente un idolo de Ram y empezo la disputa. Desde entonces ha habido, entre unos y otros, protestas, derrumbamientos de mezquita, atentados, motines, matanzas y mil historias horribles de violencia e incomprension.

En un pais donde la media de edad es de 25 años, despues de 60 monzones dandole vueltas al asunto, varias generaciones ya pasadas, la gente esta harta del tema, pocos tienen ya algo que ver con eso. Toda la esperanza estaba puesta en un veredicto que, un 30 de Septiembre, 2010, pusiera un punto y final en esta historia.

Muchas empresas de IT declararon el dia libre, se preveian conflictos, la policia en alerta roja, dispositivos preparados para cualquier cosa, especialmente en ciudades mayoritariamente musulmanes, como esta. No salgas a la calle hoy, me decian mis amigos. Asi que me trague, en la tele, el veredicto completo.

Y vi algo que nunca pense que veria. Un juicio en el cual se decide que, efectivamente, tal dios nacio en tal lugar.

El veredicto final fue la reparticion del templo en tres partes, dos de ellas para comunidades hindues, la tercera para una institucion musulmana. Y como a los partidos politicos religiosos no les importa demasiado cumplir las expectativas de la gente, el veredicto no fue aceptado por la parte musulmana.

Yo preguntaba y preguntaba. Queria saber que opinaban mis compañeros de trabajo, gente de mi edad, gente musulmana o hindu o de lo que sea.

Y entonces Suryakalyan me dijo:

“Mandhir to ban jaayega par Ram kahase laaoge?
Us masjid ki deewaron ko kya pak kabhi kar paaoge?
Jis chaukhat par log jale Ram waha naa jayenge,
Jin galiyon me khoon gira, kya Maulah wahan reh paayenge?”

Un templo sera construido, pero ¿como hacer que Lord Ram lo habite?
¿Como limpiar las paredes de la Mezquita?
Ram no vivira en el lugar donde gente fue quemada.
¿Vivira acaso Maulah (Allah) en las calles donde la sangre fue derramada?

Curiosamente mi nueva casa esta en dominio musulman. Las voces entonando poojas (rezos hindues) me despiertan por la mañana, y la llamada al rezo desde la mezquita me recibe al llegar a casa.

Y aun me quedan tantas cosas por entender.

Gen.

Y mientras tanto:
Swarathma – Yeshu, Allah aur Krishna

Fotografias (I)

Mi casa aun esta en obras.

Faltan las barras de los armarios, las baldas del salon, colgadores en los baños y la ventana de uno de ellos. Un trozo de marmol negro en la cocina y, por ultimo – para cerrar – el pomo de la entrada.

Entonces todas las llaves seran mis llaves, comprare, amueblare y decorare, pero lo mas importante, deshare, por fin, la maleta – llevo casi tres semanas viviendo en un receptaculo de 80x40x30. Hasta entonces, mis cosas son mas mis que cosas. Habitan encerradas, poseidas bajo llave – porque nunca se sabe -, mas poseidas que usadas.

Por eso, hasta ahora, mi camara no ha capturado ninguna imagen. Y no precisamente por falta de imagenes, porque en mi cabeza se van guardando a miles.



Amanece pronto y atardece tambien pronto. Pero el atardecer es increible. Se puede mirar de frente al Sol, rojo como un tomate, gracias a la nube densa de polvo que envuelve los tejados y que, como una tela, se tiñe con la luz. A esta hora – pronto – el cielo toma el color de todas las cosas. De las rocas, de los saris, de la piel rojiza y antigua.

Janeshvar duerme en el asiento de alante. Es hermoso, con esos ojos asiaticos como de estatua ancestral, y un tilak rojo – color cielo – entre sus cejas, marcando un punto de luz en su cara oscura. Es tan pequeño, redondito, y con una sonrisa tan sincera, tan bonita, con esos dientes tan blancos. Pero ahora Janeshvar no sonrie, duerme en el asiento de alante mientras que, a su derecha, el taxista hace maniobras suicidas entre acelerones y frenazos. Lo mejor es que mientras conduce a lo cafre, tararea una melodia lenta, como tranquila. Como una nana.

Fotografia.

A base de pitidos, mi taxista advierte que adelanta. Una moto con tres ocupantes se echa a un lado. Tan normales, tres, bien apretaditos. Al pasar a su lado los observo: Tres muchachos jovenes, con bigote los tres, se dirigen a la comisaria. El conductor, seriecisimo, firme, lleva como una percha un traje de policia. Parece que no viviera en una ciudad tan caotica, sucia y contaminada como esta, de lo blanca y planchada que luce su camisa. Tambien, planchado y limpito, en la cola de la moto va sentado otro policia.

Su muñeca izquierda va esposada a la muñeca del muchacho que se sienta entre los dos polis. Con los pantalones llenos de barro y una sucia camisa de cuadros que al principio fue blanca y ahora es de aquel color rojizo – el de todas las cosas -, apoya su cara llena de polvo en el omoplato del policia conductor. Como un niño, indefenso, el caco llora mientras se lo llevan.

Fotografia…

Gen.

Y mientras tanto:
Eddie Vedder – Guaranteed

El Filtro.

Al principio decia, esta lluvia no me deja ver. De tan espesa.

Pero hoy me he percatado de que, en realidad, es al reves. Esta lluvia actua como un filtro contra lo mentido, lo inventado y lo soñado, limpia la realidad y te la deja ver, como recien salida de un lavacoches, impoluta. Reluciente.

Las cosas se ven mucho mejor tras una cortina de lluvia monzonica. Estos tres meses son, por lo tanto, una epoca delatadora, les deja expuestos. Los colores se convierten en gris y marron, el sol se oculta rapido y los contrastes son menores. Todos estamos, a la vez, manchados de barro el mismo tramo de pierna. Todos caminamos descalzos por las riadas.

La espiritualidad hace ya mucho tiempo que deje de verla, y ahora lo exotico se difumina. Me sorprende darme cuenta de que, detras de esa loca secuencia de fonemas nasales con los que el conductor habla Telugu por telefono, en realidad se esconde la conversacion mas trivial y previsible de las que se escucharon hoy en la linea 6 de metro, Principe Pio-Moncloa.

Quizas es la epoca del año pero, maldita sea, somos todos tan iguales.

Mientras disfruto de la lluvia, me desespero buscando piso. Y desde el unico internet que tengo, escribo aqui, por primera vez, sin musica y con una foto sacada de Internet. Hasta pronto.

Gen.

Y mientras tanto:
DM Stith – You’ll be in the Air

Algunas Noches en Vela.

Gen.

Y Mientras Tanto:
Funkadelic – Maggot Brain

Hindustan Times.

Supongo que me gustó, que se quedaron demasiadas cosas allí por hacer – igual que se quedaron en Buenos Aires, igual que se quedarán cuando vuelva, igual que se quedarán en cada sitio – que la música se metió dentro de mí. O que quizas pertenezca, por el momento, a la tierra donde todo viene escrito en un cuento (Saraswati vigilando a su esposo desde las alturas).

Supongo que me gustó, que no pude soportar la idea de darle un final tan pronto. Así que mañana a estas horas estaré sobrevolando el Mar Arábigo, mirando desde arriba cómo se recorta la costa Oeste del país que será mi casa durante los próximos meses.

Quién sabe. Me voy con alas en la maleta, con un cuaderno en blanco y una varilla de incienso para decirle a Ganesha: “Namaste. Qué tal. Volví antes de lo previsto”.

Gen.

Y mientras tanto:
Ik Onkar – Harshdeep Kaur

La estupidez del insomnio.

Me di cuenta anoche de que la razón por la que no podía dormir era el extremo calor que sentía en el pulgar de la zurda. Tras 720º de vueltas sobre mí misma, opté por cambiar de posición. Los pies hacia el cabecero de la cama. La cabeza donde los pies.

Y desde esa perspectiva descubrí un mundo nuevo. La luz rosa de la noche madrileña – familiar, como siempre, mía – convirtió el ático de enfrente, cuadrado y plagado de chimeneas y ventanucos circulares, en la cubierta de un barco de carga, que zarpaba, siguiendo la paralela del marco de mi ventana. Cuando me agotó el vaivén de las olas, presté atención a las tres estrellas gigantes de papel que cuelgan en mi techo.

- Desde los pies se ven mejor – pensé.

Descubrí, también, que no me hace falta variar mi posición para soplar fuerte y perderme en sus giros – que se tocan las puntas, que se chocan, que se mecen o se detienen.

Soplo un par de veces más hasta que me canso.

Después me percaté de que el giro lento, agotado, de una de ellas, si logro ignorar el siempre presente factor de la perspectiva, se convierte en un puntiagudo pez bidimensional que va abriendo la boca y cerrando las aletas, despacio.

Incluso antes de cansarme de mirar el pez me doy cuenta de que en el dedo gordo de mi mano izquierda sigue sintiéndose calor.

Creo que al revés dormiré mejor. Por lo menos acabaré durmiendo a pesar de los nervios que tengo por irme, por segunda vez, a vivir a la India.

Gen.

Y mientras tanto:
Jeff Buckley – Mojo Pin

El Tercer Continente.

Como en un trampolín, desde Sudamérica ya vislumbro el siguiente viaje. Este es el año de los tres continentes, vivo en Argentina siendo europea, y en escasos dos meses estaré haciendo la maleta para marchar a mi siguiente cruz en el mapa.

Me voy al sur de Asia, al sur de mi idolatrada India, a una pequeña ciudad tranquila y apacible a trabajar, o estudiar, o ambas, bajo el yugo de una novísima y enorme empresa de Tecnología de la Información y la Comunicación.

Lo bueno es que nos juntamos muchos en la misión de explorar el universo. Aún nadie salió del planeta, pero por el momento ya somos dos en Asia, dos en África y otros dos en América, norte y centro.

Mientras tanto, los peces vuelven a flotar sobre mi cabeza. Les estaba extrañando, chicos.

Gen.

Y mientras tanto:
Robert Plant & Jimmy Page – City Don’t Cry

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Tema inspirado en Esquire por Matthew Buchanan.