Mi Casa.

Monday 23 de March de 2009, 6:07

Hace muchos años hice mía una muy mala costumbre. O buena, o regular, no sé. Digamos que me construí mi propio método de terapia para decepciones y depresiones varias. El método consistía en navegar por internet y buscar piso. Así de simple.

No importaba la ciudad, la intención o el grado de realidad que pudiera tener la búsqueda. Incluso a veces no importaba ni el precio. Sólo el piso, el barrio, el aspecto, el tejado. La posible vida que pudiera llevar yo allí. Me pasaba días mirando anuncios, mirando fotos, y me iba a la cama con mil sueños.

He de decir que a veces me arrepentía de pasar tantas horas en mi absurda búsqueda, viajando de nube en nube, tardes enteras. Un día se lo conté a una de las mujeres más apasionantes de mi vida. Ella conducía, miraba al frente y asentía. No le sorprendió, me dijo que ella hacía lo mismo.

- Bueno quizás no sea lo mismo, yo busco casa. Con jardín. Y luego además llamo. Y pregunto el precio.

Sea como sea, lo había hecho tantas veces, que cuando busqué piso de verdad, apenas noté la diferencia.

Hoy domingo cumplo dos semanas en mi piso. Son las siete de la tarde por aquí, el calor y la humedad son insoportables pero, por lo menos, ya empieza a refrescar. Es el momento perfecto para beber jugo de manzana, que no zumo, y tirarme en mi sitio a visitar mi fracción de internet.

Y es que ya tengo algo parecido a mi sitio plantado en cierto punto del sofá.

Ya hay cosas que podría decir que hago siempre. Las cosas empiezan a tener su función, empiezan a ser irremplazables. El cojín naranja es cómodo para la cabeza, el verdoso es perfecto para ir a dormir, el rojo pequeño es donde apoyo el portátil en momentos como este.

Por la mañana caliento agua, la tetera de aluminio pierde su contenido gota a gota. Cuando hierve, hago el café, medio litro, para desayunar y para el resto del día. El café es suave, así que a veces hasta lo tomo solo. Mi taza es naranja, la de Jose roja. Mi despertador lo oigo, el de Jose no suena nunca. La ducha es caliente o fría cuando quiere (normalmente fría con Jose y caliente conmigo).

En la puerta de la nevera un imán sujeta el teléfono y la carta de nuestro Chino de cabecera. Lo más rico, los arrolladitos primavera, los fideos de arroz saltados (que no salteados), la carne saltada con salsa Sa-Tza. Lo trae un chino en moto que habla poco español con un curioso y marcado acento argentino. Tengo en el barrio ciertos sitios frecuentes, como la parrilla donde el chorizo está exquisito y que se llena cuando hay partido del Boca. O la tienda de enfrente donde hornean empanadas de carne picante y la mejor pizza napolitana del mundo.

Tengo un balcón perfecto, grande, con unas vistas de las que ya he hablado demasiado. Pero no puedo evitar seguir hablando. Un balcón donde caben sillas y una mesa con unas copas y unos panchitos. Y unos amigos. Delante del balcón, tengo un suelo infinito lleno de edificios de mil ciudades, altos rascacielos rodeados de casas de muñecas, rodeadas de azoteas donde vuelan las sábanas, rodeadas de fachadas de ladrillo viejo, rodeadas de altos rascacielos. Encima tengo un cielo más infinito, con nubes de todos los colores, que cuando quieren son temibles. Con lo que a mí me gustan las nubes.

Tengo parques cerca, montones. Uno japonés, otro con lagos y cabezas de poetas, otro con árboles centenarios, otro plagado de hormigas y familias los fines de semana. Otro de jugadores de voley, otro de perros futbolistas, uno de ancianos jugadores de ajedrez.

Mi casa es mía. En el primero de estos catorce días conquisté la terraza, luego la tetera, más tarde la ducha, el sofá, el helado. Luego la tienda de empanadas y pizzas, el chino, las vistas, el café, un cojín naranja para la cabeza, naranja como mi taza. Después conquisté parrillas, parques, perros y alguna que otra calle.

Aún me queda mucho por conquistar pero, por ahora, lo que ya es mío, me gusta.

Y bueno, tengo también un calendario con fotos de todos los que me lo regalaron, donde apunto visitas, futuras visitas, anheladas visitas, visitas que echamos mucho (mucho) de menos.

Gen.

Y mientras tanto:
John Butler Trio – Peaches and Cream

Esto tiene que ver con Ciudades, Imágenes, Rutinas | Hay 7 comentarios

Primeras Impresiones.

Friday 13 de March de 2009, 5:11

Hay tantas canciones que hablan de Buenos Aires, que uno no sabe qué esperar. No sabe ni siquiera si debe esperar. ¿Por qué hay tanta gente enamorada de esta ciudad y a mí aún no me ha atrapado? fue una de las preguntas que me hice la primera noche, antes de dormir.

Al día siguiente nada era lo mismo, uno sale a la calle cada día dispuesto a rehacer sus primeras impresiones. Cada esquina es una ciudad distinta, cada cuadra tiene una frutería, cada cruce es el reino de un perro. Poco a poco voy sacando rasgos, como el que agarra un lapiz a distancia de un brazo, para ir pintando un boceto de ciudad. Es la ciudad cambiante, la ciudad universal.

Hace casi dos semanas que estoy aquí y no soy consciente ni de la velocidad a la que pasó el tiempo. Casi fue ayer cuando estábamos aterrizando, y me cuesta pensar que el contrato de mi hogar lo firmé hace tan solo cinco días.

Ahora tirada en el sofá, con la cocina repleta de las pruebas de una cena típica argentina, pienso. Estoy bien, contenta de haber venido. Vivo en una casa que dificilmente hubiera podido imaginar, un séptimo, naranja, que mira hacia el Oeste para no perderse ningún día los mejores atardeceres sobre el suelo más heterogéneo. Una casa preciosa donde sus paredes, naranjas, ya tienen las fotos de todos aquellos que nos faltan por aquí.

Y ya que estreno ciudad y casa, qué mejor que renovarse del todo y reestrenar esta segunda casa. Me tomé mi tiempo para plantar un nuevo árbol y pintarlo todo a juego con mi salón.

Ahora me voy a la cama, mañana toca conocer una ciudad desde cero, como cada día.

Saludos y besos a los que estáis lejos. Creedme que no me he equivocado, que estoy en mi sitio. Ya se ocupó de avisarme mi pequeño y gracioso dios cuando al llegar a mi piso, lo único que tenía era cortinas naranjas y una botella vacía de Bombay.

Gen.

Y mientras tanto:
Astor Piazzolla – Regreso al Sur

Esto tiene que ver con Ciudades, Imágenes, Rutinas | Hay 4 comentarios