Mareando la Perdiz.

Monday 17 de December de 2007, 0:50

Adelita y Generouse tuvieron un follón, de esos que claman al cielo y son punto de partida de toda conversación durante cierto tiempo. Eso fue hace muchos años, cuando Generouse aún no había vivido demasiado y Adelita era más o menos igual que ahora. Generouse era tecnocientifista y Adelita dedicaba su vida a las artes de la escribiduría. Tenían sus puntos en común, todos lo sabían, pero se podría decir que, entre sí, tan sólo eran muchachas tangentes.

La historia entre ellas tuvo su final cuando Generouse marchó de vuelta a su tierra, cuatro continentes más a la derecha de donde todo ocurrió. Continuando con su trabajo de tecnocientifista, Generouse recorrió nuevas tierras, conoció nuevos personajes, vivió nuevas aventuras y se escribieron cientos de historias sobre ella. Adelita se quedó en su casa y pensó que lo mejor que podía hacer era fundamentar su oficio en la escribiduría exprimiendo hasta el cansancio aquel follón que tan estupendo le pareció.

Por cierto que de aquel follón salió Adelita victoriosa, quedándose para gozo particular al muchacho que ambas se habían sorteado con inexplicable ardor. Sin embargo la pobre Adelita cayó en la desgracia y fue incapaz de saborear su áurea victoria, ya que tuvo la feliz idea de engordar aquel follón con piensos compuestos para ganado caprino, para luego disecarlo y conservarlo tal cual, como un trofeo, en lo más alto de la cabecera de su cama. Pasaron los años y el follón disecado la seguía mirando, fijamente, todas las noches impares. Así fue que Adelita incubó un espantoso insomnio que la dejó traspuesta y medio gilipollas.

Mientras tanto, Generouse corría aventuras viajando por Lilliput, por Ítaca, por la nueva Utopía. De vez en cuando recordaba historias pasadas, las contaba a los nietos de sus amigos y después todos aplaudían y tomaban chocolate caliente con especias.

A veces sucedían cosas curiosas. Adelita metía el follón disecado en su vieja maleta e iba en busca de Generouse. Se lo mostraba, decía “verás, este bicho me mira todas las noches, no me deja dormir”, a lo que Generouse contestaba “pero Adelita, mujer, si el bicho está muerto”.

“Sí, pero su fantasma me sigue mirando”

A base de fantasmas siguieron pasando los años, hasta que Generouse, a quien le empezó a parecer todo un exceso de fantasmadas, decidió mandar un telegrama a modo de toque de atención. Utilizó Generouse dos lenguajes diferentes, por si acaso, el de los tecnocientifistas y el de los poetas errantes de la escribiduría.

Y el telegrama decía así:

“Deja de joder. STOP
A ver si lo pillas así. STOP
La perdiz se marea, qué tendrá la perdiz?
Los suspiros escapan de su pico de…
STOP”

Gen.

Y mientras tanto:
Stephen Lynch – Bitch
Chuck Berry – Route 66

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Sobre Carmelo Buenqueso.

Tuesday 11 de December de 2007, 2:46

Carmelo Buenqueso es un buen ratón, pero a veces se comporta de forma estúpida. Carmelo Buenqueso no es modesto, ni honrado, ni honesto. Carmelo Buenqueso es un ratón destinado a hacer grandes cosas, pero hace sentir a los demás peores ratones que él. Carmelo Buenqueso a veces se acobarda.

A pesar de todo, yo quiero a Carmelo Buenqueso.

- ¿Por qué lo quieres?
- Porque a veces es como un niño. A veces es cruel, otras es suave. Sea como sea, a veces es sincero y entonces lo entiendes…
- ¿El qué entiendes?
- Que Carmelo Buenqueso es su peor enemigo.

- Hay algo que me ocurre cuando Carmelo Buenqueso está presente.
- ¿Qué es?
- Que me siento una ratona muy pequeña. Una ratona de campo, poco lista y pisoteable. Conforme él se acerca, yo me voy sintiendo más y más pequeñita.
- Lo sé, a todos los demás también nos pasa.
- ¿Y por qué lo quieres?
- Porque a veces es como un niño.

- ¿Por qué se fue?
- Íbamos a embarcarnos en un transatlántico de madera, como ratones polizón.
- Eso era una locura, ¿en qué estabais pensando?
- Pensábamos en aventuras y nuevos paisajes. Pensábamos en balcones, en la mesa sin quitar. Pensábamos, pero se nos olvidó pensar en algo que era importante.
- ¿Qué es?
- Que le tiene pánico a las olas del mar, dice. “No quiero marearme en el trayecto”, dice. “No quiero marearme con las olas del mar”.
- ¿Huyó?
- Sin avisar.
- ¿Y cuando vuelva le perdonarás?
- No volverá el mismo Carmelo Buenqueso. No sin cambiar.
- ¿Y cambiado le querrás?
- Claro. A veces será como un niño.

- ¿Estás triste?
- Sí.
- ¿Y enfadada?
- También.
- ¿Y por qué no lo olvidas?
- Porque olvidarle es la forma más fácil de que vuelva a aparecer.
- ¿Y qué harás entonces?
- Le odiaré todo lo que no he podido odiarle ahora.
- ¿Pero le odiarás de verdad?
- Le odiaré lo más rápido posible, para poder empezarle a querer de nuevo.

Gen.

Y mientras tanto:
DM Stith – Be My Baby

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