El desengaño de los cuentos.

Thursday 27 de September de 2007, 5:24

Tengo que confesarlo, porque no puedo más con esta gran mentira. Te engañé: no hay túneles debajo de las camas. Toda aquella historia de los monstruos que cavan pasadizos en el momento en que alguien duerme, todos aquellos cuentos acerca del gran entramado de caminos que unen camas con camas, todo, todo es un engaño. Todo fue una invención.

Verás, no hay túneles porque, piénsalo, sería imposible. ¿Sabes cuántas personas duermen en el mundo? No hay suficiente profundidad terrestre para cavar tantos túneles como pares de camas. Y eso sin contar los sofás, sofás-cama, tumbonas, colchonetas, esterillas, literas. También ten en cuenta que no todas las camas están en suelo cavable, yo por ejemplo duermo en un octavo, ¿cómo pretendes que haya un tunel sin que pase por el séptimo?. Tampoco estás teniendo en cuenta los garajes, ni las estructuras metálicas que sujetan edificios, ni el metro de Madrid. Otra cosa delicada, ¿cómo sabe un monstruo que estás durmiendo? ¿cómo sabe el lugar exacto de un somier si viene cavando desde abajo?. Sólo podría saberlo si tuviera un radar especial, un sexto sentido dedicado a la percepción de sueño humano. O bien rayos de algún tipo para averiguar la situación espacial del sujeto durmiente. Pero eso es imposible, porque los monstruos no existen.

Sé que te enfadarás conmigo, porque cuando te lo contaba bajito por las noches, me creías. No sé si el rencor me lo guardarás por engañarte o por desengañarte, quizás me inclino a pensar que por lo segundo.

No te enfades mucho, cuando te lo contaba no quería engañarte, tan sólo quería creer que no te engañaba. No te enfades, porque a fuerza de contarte historias, ya casi existían los monstruos, los túneles, los agujeros y la forma fácil de llegar a encontrarnos. No te enfades demasiado, sólo faltó un poco de intención, un poco de valor, un poco de esperanza, (o de fe, como quieras) allí al final del cuento, antes de poder usar cada día el tunel de los monstruos.

Pero verás, ahora tienes que entender que esos cuentos no existen, los inventa un cuentista cuando quiere conseguir algo. Que un niño duerma, que un abogado llore, o que dos personas se sientan más cerca. Pero cuando ni cuentista ni escuchante se creen lo contado, el niño llora, el abogado duerme, y las dos personas siguen igual de lejos.

Tenía que confesártelo todo, era de cobardes no hacerlo. Era cobarde dejarte ahí, pensando cada noche que cuando duermes hay alguien que escarba y reabre un camino hasta tí.

Así que ya sabes la verdad, no hay túneles debajo de las camas.

Gen.

Y mientras tanto:
Dead Can Dance – The Host of Seraphim

Esto tiene que ver con Alguien, Irrealidades | Hay 1 comentario

Despedida a un rincón.

Tuesday 25 de September de 2007, 2:15

Es un lugar pequeño, sucio, con una pobre iluminación de oficina que se enciende las veces impares. No hay ventilación, sólo una rejilla de la parte superior de la puerta, pero que siempre está tapada por una cartulina negra. Los olores de químicos fuertes, o de tabaco las veces que fumo allí dentro, los camuflo con incienso. Por mucho que barra y friegue, el suelo siempre está sucio, siempre hay polvo de carboncillo y pastel, o telas de araña, polvo del de siempre, pelusas, restos de goma de borrar. Hay fotos colgadas por las paredes, decenas, algunas bonitas y otras horrorosas, todas de diferentes estilos, tamaños diferentes, enmarcados diferentes, de todos los miembros que pasaron por allí.

En la estantería, un radiocasette roto con reverso automático y veinte o treinta casettes para elegir. Al lado descansa mi más fiel compañera, una cafetera eléctrica, un bote de café, un bote de azucar morena, y una caja con infusiones varias y preservativos de fresa ácida. Que nunca se sabe. En el estante superior hay bolsas con cámaras y objetivos; una Canon maravillosa y una Minolta que nunca funcionó del todo bien. Al lado, carpetas de fotos y negativos, y algunos libros de fotografía analógica publicados en la década de los 60. Y en lo más alto, botellas kodak, botellas ilford, todas las botellas del mundo.

El sofá polvoriento está justo al lado. Está sucio, pero es cómodo cuando averiguas la postura. Por allí, apoyado en la pared, un caballete con un cuadro que pintó alguien hace muchos años. También hay otro cuadro, que pinté yo hace muchos años también, y que nunca acabé. Al lado, en una estantería, maletines con óleos, estuches con pastel, cajas con carbones.

Luego un cuarto oscuro, tapado con una cortina opaca que tuve que parchear cientos de veces. La pared que cobija las dos ampliadoras está forrada de cartulina negra, porque nunca nos lo dejaron pintar. Todo lleno de mis copias, mis pruebas, mis contactos, mis negativos. Unas tijeras, los cartones que uso para hacer tapados, mis filtros. Todo. Ahí en la pared colgué un reloj de pared que compré en Ikea. Las agujas eran rojas, así que las tuve que pintar de negro con esmalte de uñas para que se vieran a la luz del cuarto oscuro. No recuerdo a quién provoqué tremendo ataque de risa cuando, al preguntarme la hora, respondí sacando del bolso mi reloj de pared recien comprado. Arriba una gotera de las grandes, un verdadero agujero en el techo con media bayeta asomando. Y luego, al fondo del cuarto oscuro, la zona húmeda, que hace reir tanto a Tomás.

Es pequeño e inmundo. Es complicado permanecer más de 2 horas seguidas allí dentro, pero es mi laboratorio de fotografía. Y ahora el nuevo emplazamiento de un equipo de ATS.

Ha sido mi refugio, mi rincón, mi alivio, mi descanso, mi burbuja, mi mundo. Lo ha sido durante cuatro años. Allí he estado sumergida horas, sola en una atmósfera de rojo, dando a luz mil imágenes. Allí he enseñado a revelar a siete enamorados más. Allí he pasado horas pintando, horas leyendo, horas durmiendo, horas hablando. Allí hemos hecho el amor, también, tantas, tantas veces. Se ha convertido en estudio fotográfico, en cafetería o centro de reuniones, en almacén, en escondite o en sorpresa.

Ahora no puedo hacer nada para evitarlo, acabaron contigo, te borraron del mapa. Esto es una despedida, mi querido, pequeño laboratorio. Gracias por ser el más importante de mis rincones de Madrid.

Te echaré de menos.

Gen.

Y mientras tanto:
La Mandrágora Tango – La Cumparsita Superstar

Esto tiene que ver con Rutinas | Hay 3 comentarios

Momentos de Debod.

Saturday 22 de September de 2007, 4:41

Vuelvo de madrugada de uno de esos largos paseos por la ciudad de viernes a medianoche. Se me ocurrió, bajando ya a casa, que por qué no pasar por el Templo de Debod, que no recordaba haber estado allí de madrugada. Se podría decir que este ha sido el verano de Debod. Contigo allí, llorando allí, peleando allí, emociones allí, momentos allí, personajes allí, respirar sólo allí. Muchas horas allí, allí siempre el final de tantas horas caminando sin rumbo, o el principio. Pero nunca de madrugada.

Subía las escaleras del parque pensando si dejarán iluminado el templo durante toda la noche. No creo, qué derroche. Cuando llegué a la cima lo vi en rojo. Dos torres de focos se lo pasaban de madre haciendo pruebas con el templo. El templo pasaba a lila, el templo en azul, no ese azul, el otro. Luego rosa, rojo de nuevo, el templo en naranja, el templo en amarillo, el templo en blanco. Ahora azul por aquí, rojo por allá. Así que, sin importarme la palabrería que intercambiaban los técnicos a base de altavoz entre torre y torre, allí me senté, como quien mira fuegos artificiales, a ver el templo de todos los colores.

Este lugar es increíble, pensaba, jamás conocí un sitio que almacenara para sí, en exclusividad, tantos momentos. Acabadas las pruebas, me tuve que quedar allí. Este es el mejor lugar para estar a las tres de la madrugada en Madrid, decidí.

Allí por las tardes se junta la gente, sin quererlo, para ver el atardecer más bonito. A las ocho y media todo el mundo mira en la misma dirección. Yo prefiero sentarme más atras, donde sólo veo siluetas de gente recortadas sobre un fondo rojo: todos ellos mirando al cielo forman parte de mi paisaje favorito. Ese es uno de los momentos.

El otro es cuando, una hora después, se enciende la iluminación del templo. Aún no ha oscurecido del todo, pero no hay luz del sol que devore la piedra. La gente ya empieza a retirarse, y aparece milagrosamente, a pie de templo, un ejército de fotógrafos aprovechando el momento del disparo perfecto.

De madrugada no se ve nada. No hay nadie. Sólo hay un templo ligeramente iluminado reflejado en lo que parece un charco, y un segurata que hace sombras contra la pared del templo cuando se asoma a comprobar que, en efecto, sigue estando solo. Al fondo, infinitas luces pequeñitas y una luna enorme y amarilla sobre lo que parece un recortable de muchos lugares mezclados. Y precisamente hoy, un templo que iba cambiando de color. Ese fue el tercer momento.

Primero rojo, luego lila, luego azul.

Y mientras tanto:
Astor Piazzolla – Tango Apasionado
Astor Piazzolla – Libertango

Esto tiene que ver con Ciudades, Imágenes | No hay comentarios

Comparaciones.

Monday 17 de September de 2007, 2:20


Mi relación con Madrid me recuerda a tí.

Porque amo Madrid.
Porque sé que Madrid nunca desaparece, aunque te des la vuelta.
Porque sé que siempre quedarán reencuentros.
Porque hay lugares de Madrid que nunca, nunca dejarán de ser míos.
Porque sé que Madrid siempre hará que sienta más intenso que ninguna otra.

Porque hará que sienta tanto que me dolerá.
Porque Madrid me duele, también.

Y porque sé que si intentara quedarme aquí con ella,
para siempre, fracasaría.

Fracasaría porque ya estoy deseando irme a buscar a otro lado.
Porque volver a Madrid, regresar a Madrid tras haber partido,
es algo demasiado bueno como para no repetirlo.

Y porque para volver hay que irse, reñir, gritar, odiar.
Olvidar. Añorar.

Porque pasaré toda mi vida buscando en otros lugares
todo aquello que Madrid no me da
y me encontraré con que nadie me da
lo que me da Madrid.

Por eso Madrid me recuerda a tí.

Gen.

Esto tiene que ver con Alguien, Ciudades | Hay 2 comentarios

Los barrios prometidos.

Sunday 16 de September de 2007, 17:19

Hace poco menos de un año decidí que mi ciudad estaba en un país allá por el norte del norte de Europa. Una ciudad donde la noche es mucho más larga de lo normal, perfecta para personajes olvidados y noctámbulas voluntarias o involuntarias (aún no tengo muy claro a qué grupo pertenezco). Una ciudad donde la oscuridad es tan familiar que los portales se adornan con dos velas de queroseno a la altura del suelo, permanentemente encendidas, y las ventanas con los contraluces de figuras de gatos recortados en cartón.

Entonces, paseando en el anochecer de después de comer, descubrí en Gamla Stan el barrio en el que quisiera vivir. Esto es perfecto, me dije. Calles de adoquines, cuestas, escaleras por las que perderse, puentes y callejuelas, cafeterías donde volver a entrar en calor, donde el café se sirve en tazones sin asa y con dibujos de canela. Todo tenía vida por allí, hasta los escaparates por la noche.

Hoy vuelvo a viajar por allí cuando por fin me decido a llevar a revelar una caja entera de carretes olvidados. Hace poco menos de un año, mirando desde un puente los tejados de un Estocolmo nocturno, me prometí que a estas alturas aquel sería ya mi barrio. Y hoy sigo aquí, en Madrid (mi Madrid), otra vez haciendo planes para otros barrios de ciudades más lejanas (mi Buenos Aires querido), y envidiando con cariño a las desertoras que ya hicieron de los barrios-mito algo propio y real.

Sólo me queda añadir Gamla Stan a la lista de espera de lugares donde alguna vez quise buscar mi sitio. Se va llenando poco a poco, cada año con uno o dos intentos nuevos: el Raval de Barcelona, el barrio judío de Cracovia, el Ataba en El Cairo, San Telmo en Buenos Aires, algún lugar en París, algún otro en San Francisco, y tantas otras ciudades donde prometí buscar un barrio.

Pero no me apresuro, Madrid me sigue cuidando, como siempre ha hecho durante los últimos cuatro años. Siempre me regaló calles nuevas cuando necesité perderme, vistas desde las alturas en momentos precisos, edificios, leyendas, personajes de esos que a mí me gustan, magias, casualidades, encuentros, farolas, tristeza gris y amarilla por la noche, miradas. Al fin y al cabo, todo lo que necesito para subsistir.

Pero este año es diferente. Tendré que ir despidiéndome, porque es el último.

Esto tiene que ver con Ciudades, Imágenes | Hay 2 comentarios

Revisando contratos, amigo mío.

Thursday 13 de September de 2007, 2:58

Hay cosas de dos, amigo mío,
y cosas de uno. Ser cómplices
es cosa de dos. Ya sabes, un
guiño suspendido en el aire no
sirve de nada.

En una noche de esa luz rosa
que entra por la ventana, cuando
desnudos firmábamos lo de ser
cómplices, tu pensabas que sólo
hablábamos de un muro en mi
parte del contrato. Despuás de
horas abriendo puertas ante un
alma con forma de cuadernos de
viaje, de árboles de colores,
parecía no ser tan complicado.
Todo va con calma, seguro que
te decías, todo está bajo control.

¿Verdad que entonces ni siquiera
sospechaste que una parte
laboriosa iba a venir por tu lado?

Ahora yo sola reviso contratos,
me pregunto qué fue lo que no
quedó tan claro. Tú olvidaste lo
de las cosas de dos, amigo mío,
te quedaste agazapado en un
callejón del que ni siquiera me
advertiste. Mientras tanto yo
reviso contratos.

Pero bueno, ¿y qué más da si
falló? ¿No nos enseñamos hace
poco que lo previsible nunca se
prevé?

Al fin y al cabo, dentro de tantos
años de empapar la almohada
cada ciertos meses, este poco
más es tan sólo un poco más.

Gen.

Esto tiene que ver con Alguien | No hay comentarios

Una de blancos.

Friday 07 de September de 2007, 19:57

Estrenamos nuevo submundo haciendo acopio de viajes pasados, de colores perdidos.

1. Escaleras del hostal en Praga.
2. Fachadas en Cesky Krumlov, Chequia.
3. Pasillos de la Universidad de Físicas de Praga.
(Canon AE-1)

Gen.

Esto tiene que ver con Imágenes | Hay 2 comentarios

Anteriores.

Friday 07 de September de 2007, 18:27

Cambio de cara, cambio de formato. ¿Cambio de vida?…

Ha pasado mucho tiempo desde que este espacio de Wonderland comenzó. Muchas cosas pasaron por allá: palíndromos, papel pintado, folios, mentiras, una cruz del sur, la cercanía de meta. Ahora todo queda atrás, surge una nueva época.

Bienvenido al nuevo Wonderland.
Ahora bien, si eres un nostálgico, un investigador, un curioso, retrocede al antiguo Wonderland.

Gen.

Esto tiene que ver con Rutinas | Hay 1 comentario