Algunas Noches en Vela
Thursday 10 de June de 2010, 2:40

Gen.
Y Mientras Tanto:
Funkadelic – Maggot Brain

Gen.
Y Mientras Tanto:
Funkadelic – Maggot Brain
El primer día de clase de pintura, volví a casa enfadada.
Me imaginaba un aula enorme, todos con caballete y lienzo, y un profesor dando vueltas, mirando, dando consejos, enseñando técnicas, haciendo nuevas propuestas. La realidad del primer día se me hizo muy distinta. Un profesor alabando lo abstracto muy por encima de lo figurativo, eliminando cualquier rastro de objetos o caras reconocibles de un cuadro para dejarlo todo en un mejunje de colores, rayitas, circulitos. Un profesor que convertía lindas propuestas de alumnos en una de esas pinturas que generalmente ignoro en un museo.
Era extraño, ya había investigado la pintura del profesor y me fascinaron sus cuadros. Lejos de encontrarme una ristra de abstractos porque sí y sin sentido, dí con una paleta de colores maravillosa y un imaginario extraño e inquietante; de esas cosas que me gustan a mí, juguetes, perros, vacas soñando mariposas, reuniones bizarras, batallas de ajedrez y platos llenos de objetos absurdos. Sin embargo en clase la cosa era diferente.
Lo bueno es que en esa clase conocí a un gran artista. Entre pinturas negruzcas y siniestras, Rodrigo me dejó ver su cuaderno, quizás no tan negruzco pero sí igual de siniestro. Su dibujo era la perfeccion, el trazo exacto, la sombra perfecta, lo hiperrealista de lo surrealista. Entre bromas comentábamos esa obsesión por lo abstracto que no entendíamos ninguno de los dos.
Pero un día Gabriel, entre vino y patatas fritas, explicó el por qué de tanto abstracto.
“Si te enseño a poner guías, medir, pintar con exactitud, crecerás limitado. Si hacés exactamente lo que sabés hacer, seguirás limitado. Sin embargo si vos te volvés loco y jugás con cosas con las que jamás jugaste, usás el color, te olvidás de esa perfección, si vos te dejás llevar, quizás encuentres algo más aparte de lo que ya sabés, algo que también forme parte de tí pero que aún esté por conocer.”
Y Rodrigo quedó parcialmente satisfecho con la explicación. Mientras tanto, yo hice uso de mis lápices de colores para retratarle.

Pero, hoy por hoy, aún no lo hizo.
Gen.
Y mientras tanto:
The Samuel Jackson Five – If You Show Off the Milk, Who’s Gonna Buy the Cow?
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Cuando estaba a punto de marchar para Argentina, el duende pecoso, que es como mi hermana algunas veces y como mi novia casi siempre, me regaló algo que supo que iba a necesitar. Una caja de colores. Y yo, que apenas había salido de las estrictas lineas del boli Bic, prometí que le mantendría al tanto de los resultados.
Así que ahora que esto va de dibujos, aprovecho.
El primer día de clases en el Rojas vi a la niña más bonita del mundo escuchando atenta los desvaríos del profesor. Cuando tuvimos que hacer nuestro primer dibujo, no dudé en pintarla a ella. Más tarde tuve la suerte de conocerla y ahora es una de esas personas a las que echaré en falta cuando regrese a Madrid. Que por cierto, resultó llamarse igual que el duende pecoso.

“Hay una niña en esa clase que no podría ser más bonita, por mucho que quisiera. Lo mejor es que mira con la sencillez de alguien que no lo sabe.”
Gen.
Y mientras tanto:
Tori Amos – Leather
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- En guardia
Lo dice con el ceño fruncido, como segura, aunque es ella quien se adentra en el campo de minas.
Ha pasado tanto tiempo que ya ni se podría decir que está olvidado. Ya no entra en los “te acuerdas de aquello”, simplemente quedó escrito. Quizás en una servilleta, o en algún cuaderno color humo.
En aquel entonces él se había enamorado de Shangai. Quizás con alguna razón, probablemente por haber agotado ya las demás cosas de las que enamorarse. Me iré a Shangai, dijo. Y no lo prometió porque intuyó que aquello de las promesas no iba a ser su fuerte.
Ella tampoco prometió seguirle, aún así lo pensó.
Ni siquiera lo dijo. Tampoco lo pensó una segunda vez, para no convertirlo ya en una forma de promesa.
Lo pensó una
sola
vez.
Años después, igual que tantas otras promesas, todo quedó escrito, sólamente escrito y más que olvidado.
Él nunca volvió a recordar, ni siquiera cuando una carta de ella aterrizó, de sorpresa, en su buzón. (Buzón, por cierto, muy lejos de Shangai). Ella lo recordó tarde, mucho después de que la casualidad hiciera su parte, cuando un billete de avión lo mostró por escrito. Madrid Shangai.
Madrid Shangai dice algo más que cualquier otro destino. Ya solo con decirlo, Shangai empieza y termina volando, como las historias que se olvidan. Shangai tiene cien historias en siete letras, al menos una tiene que ser de ella.
Ah, cierto, ahora recuerdo.
Entonces ese recuerdo se convierte en una chispa y toda la cama de franela sobre la que parecían dormir las no promesas resulta estar cubierta de pólvora. Total, que prende.
- En guardia.
- ¿En guardia, dices? ¿No eres tú quien entra en campo de minas?
Y lo que prende se extiende al ritmo lento de la cuenta atrás más certera de su vida. Quedan ciento cuarenta y cuatro días.

Gen.
[Qué difícil es volver cuando no hay conflictos.]
Y mientras tanto:
Grails – Erosion Blues
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16:34
Calma. El sol ha dejado de ser agresivo, tiembla, dibuja sombras como si de un juego impresionista se tratara. Despacio. Todo parece ir más despacio, aunque las hojas rayen el parque siguiendo el curso de un viento que cualquier otro día parecería agresivo. Pero hoy no.
17:09
Paz. Hablamos de momentos de paz. Ahora recuerdo ríos turquesa, siestas a la sombra de un árbol. Mañana escribiré sobre hoy, hablaré de que las nubes cambian demasiado para lo despacio que van. Sosiego.
18:52
Quietud. La que llega después de la tormenta. La respiración es demasiado pausada, mucho más de lo que cabría esperar para haber dejado de correr hace todavía pocos instantes. Qué importa, estoy respirando así que decido no pensar. Y respiro.
19:12
Tranquilidad. Tengo tiempo para contar todos esos tonos de azul. Cuando la mano se eleva para hacer de muro entre mis ojos y el sol, un contorno amarillo y rojizo se forma entre sus dedos. Me gusta este fotograma, ahora todo va más lento. Voy viajando por ese contorno, tuerce, se ensancha, corta. Pero es sencillo, todo va más lento.
20:31
Serenidad. Ahora tan sólo una farola me ancla a lo real.

Gen.
Y Mientras Tanto:
Ravi Shankar and Phillip Glass – Ragas In Minor Scale
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Cuando Ojos de Papel decidió marcharse, los años ya le habían convertido en un hombre capaz de llevar Maleta.
Parecía una tontería, pero él sabía que aquello no era tan sencillo, como llevar un macuto, ni siquiera como llevar un petate. Llevar maleta acarreaba una responsabilidad mayor. Evidentemente no se trataba de una maleta cualquiera. En aquel entonces las maletas eran de cuero marrón, con refuerzos en las esquinas. De esas maletas que alguna vez llegaron a convertirse en musas de ciertos artistas, maletas de viajante. Moverse acarreando una de aquellas maletas implicaba demasiadas cosas: uno no podía viajar con algo así si no tenía algo que contar.
La maleta de Ojos de Papel era vieja, heredada, posiblemente de su abuelo, después de su padre. La conocía desde muy pequeño, cuando desaparecía de su casa con su padre, repleta de rencores matrimoniales, promesas incumplidas, esperanzas en futuros ficticios y corbatas de seda. La volvió a conocer cuando regresó con camisas arrugadas, añoranzas y deudas. A partir de entonces la maleta se quedó en casa, siempre a la vista, apoyada en una pared cerca de la puerta de entrada. Ojos de Papel la dibujaba de forma obsesiva, le gustaba cómo su sombra la anclaba violentamente a cualquier lugar, como si ese fuera el definitivo. Una maleta así podía construir, allá donde fuera, hogares de decorado de lo más creíbles.
Cuando Ojos de Papel decidió marcharse, ya había vuelto muchas veces antes. Su madre sacó la maleta de su eterno hueco en la puerta de entrada y la vació por primera vez en quince años. Toma, llévatela en tu búsqueda, un hombre como tú ya empieza a necesitar un cacharro de estos.

Cuando Ojos de Árbol entró en el quinto anticuario del Rastro, vio lo que estaba buscando.
- Esa, necesitamos esa. Es preciosa, cuero marrón, antigua pero restaurada. Es la maleta que buscábamos para Jonathan Harker, ¿no te parece?. ¿Cuánto cuesta?
- ¿Esa? Podría dejártela en ciento cincuenta.
- ¿Qué?
- Verás bonita, una maleta de principios de siglo, auténtica, restaurada. ¿Tú sabes el trabajo que cuesta arreglar eso? Los refuerzos son fuertes, cosidos a mano, el cierre funciona perfectamente, el cuero no tiene manchas, el forro es nuevo y está limpio. Es una maravilla y cuesta lo que cuestan las maravillas.
- Pues yo no tengo tanto dinero.
- ¿Cuánto tienes?
- Veinte euros.
El dueño del anticuario soltó una sonora carcajada. Veinte euros, qué insulto. Aquella imbécil quería una maleta de cuero restaurada y ofrecía veinte miserables euros.
- Perdona, pero no tengo nada aquí para tí.
Cuando Ojos de Árbol salió del quinto anticuario, el dueño decidió probar con algo diferente.
- ¡Espera! Quizás esto te interese. Está demasiado vieja, destrozada, restaurarla no sale rentable. Los cierres están rotos, tendrás que arreglarlos con una cuerda, el cuero está estropeado por la humedad y el forro es feo y malo. Si te la llevas, te llevas también todos los trastos que tiene dentro; está llena de mierda. Es tuya por treinta euros.
- Tengo veinte.
- ¿Veinticinco?
- Me la llevo.
Cuando Ojos de Fuego leyó sobre maletas, pensó que aquello podría ser la pista que buscaba.
Recordó haber visto una vieja maleta marrón olvidada en lo alto de algún armario del almacen de su grupo de teatro. Había leído que las maletas así sólo podían contener historias, sólo podían escupir magia. Era curioso que nunca se le hubiera ocurrido abrirla para curiosear dentro, pero ahora que Ojos de Fuego buscaba una pista, era el momento de hacerlo.
Colocó una silla bajo el armario para alcanzarla, la bajó y la apoyó despacio sobre la mesa; había que tener cuidado, si era la del relato los cierres habrían de estar rotos.
Cuando Ojos de Fuego abrió la vieja maleta, entre polvo y decenas de objetos absurdos… encontró una historia.
Gen.
Y Mientras Tanto:
Johnny Cash – Hurt
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Para todo hay una historia verdadera. También la hay para ella.
La Reina Carmesí vive en un castillo al suroeste de su reino. El Rey Carmesí vive en otro, al noreste. En los terrenos de la Reina crecen los Bosques de las Ciencias rodeados por los Prados de las Artes. Ese es el único lugar en el que se pueden encontrar ovejas ojirrubinas, una especie criada por una tribu autóctona de gran prestigio en el reino, los pastores reflejo. Los pastores se ocupan del trasquilado de las ojirrubinas cuando éstas cumplen tres años de edad. Esa lana virgen viaja directamente al castillo de la Reina, donde cientos de hilanderas trabajan una semana cada tres meses para convertirla en ovillos y ovillos que se van almacenando en las torres. Esa lana es especial, nunca es del mismo color, nunca de la misma suavidad. A veces rojiza o con reflejos dorados, a veces ruda y blanquecina. Todo depende de ella, de la Reina Carmesí. Ella es la única que utiliza la lana que hilan las hilanderas, que traen los pastores reflejo, que trasquilan de las ovejas ojirrubinas, que se crían en los Prados de las Artes. La Reina Carmesí se sienta en el suelo de su castillo sin amueblar, elige un ovillo y comienza. Con esa lana, la Reina es capaz de tejer finales de cuento para todas las historias. Y además, disfruta haciéndolo.

- ¿Qué te pasa, Gen? Hoy estás como ausente.
- Nada. No te preocupes demasiado, que te vas a saltar otro semáforo.
- Perdóname por preocuparme, es la costumbre. Venga va, suelta ya qué es lo que te ocurre.
- Tan sólo pensaba en un invento… una idea, un sistema, como quieras llamarlo…
- Sigue.
- Pensaba en la manera de convertir historias verdaderas en cuentos con magia. La manera de que siempre haya un final de cuento, una interpretación de érase una vez, o una moraleja o un misterio o una promesa.
- No entiendo. ¿Convertirlos en la realidad o sólo en tu mente?
- ¿Acaso no es lo mismo?
- No.
- Sí.
- … Pareces salida de una comedia romántica.
- Anda, no me hables.
Gen.
Y mientras tanto:
King Crimson – Fracture
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Cuando salía esta noche de la biblioteca, la nausea me apretaba la garganta. De reojo vi que el cielo era del mismo color que el ladrillo de las universidades, la carretera estaba mojada, los árboles estaban secos, y yo estaba cansada.
Tan cansada, que ni siquiera me paré a mirar.
Minutos más tarde, mirando entre los reflejos de decenas de nadies sobre las ventanas del metro, uno familiar me preguntaba: ¿dónde estoy?. Genoveva, ¿dónde estás, que ni siquiera tienes fuerzas de pararte a mirar cómo gira el mundo?.
Y es que en mi vida estuve tan cansada, pero por fortuna mañana ya acabo los exámenes. Curiosamente, jamás tuve tantas ganas como hoy. Y la culpa de esto la tienen prácticamente dos personas: Un duende pecoso con espíritu de plomo. Y un sombrerero loco, loco, loco.
Y una sorpresa, quizás, a un hermano.
Gen.
Y mientras tanto:
Steven Ray Vaughan – Little Wing
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Felicidades, viejo, hoy es tu cumpleaños.
Como es tu cumpleaños y no te mereces regalos, he decidido darme un homenaje y acabar con nuestros sueños. Hoy, como regalo de cumpleaños, convierto un susurro en una realidad y formalizo mi intención de irme, lejos de mí y lejos de tí. Hoy me regalo una nueva terraza, distinta a la de nuestros sueños, mucho mejor en realidad. Es una terraza donde quedará la mesa sin recoger tantas, tantas noches, una terraza donde sonreir sin tí.
Felicidades, viejo, me voy a un lugar en el que ya no me puedes encontrar.
Pero antes, me hago unos cuantos regalos más por tu cumpleaños. Desgarro tu imágen en mi mente. Podría romper tus fotos pero ya lo hice una vez, y lo único para lo que sirvió fue para no poderlas volver a romper. También me apropio de un jardín de árboles con formas y colores, porque lo planté y lo regué y te lo dí, pero tú no lo quieres. Además reconquisto mi cuerpo al completo, incluso el hueco que hay entre mis clavículas. Ya no es tuyo.
Tú celebra el día de hoy, que te haces viejo, te enfrías, te conviertes en una figura en tono de grises y además pierdes las cosas.
[Mi abuelo, de viejo, tenía un muñeco de una pantera rosa que no me dejaba tocar, porque yo tan sólo era una niñita.]
Felicidades, viejo, algún día tú también tendrás uno.
Pero yo me largo.
Gen.
Y mientras tanto:
Kevin Johansen – Desde Que Te Perdí
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- Y a tí, ¿qué te han traído los Reyes Magos?
- Un par de tebeos, y algún disco raro.
Cada año somos más niños, cada vez los regalos vienen envueltos en un papel diferente. Los regalos vienen en días extraños, camuflados a veces en sonrisas, a veces en ideas, otras en símbolos.
Este año leo tranquila mis tebeos, escucho mi disco raro, miro desde mi octavo todas las fotos que ya he hecho alguna vez. Mientras disfruto de mis regalos, pienso. El año pasado terminó siendo muy extraño. Ahora tomé una determinación, este mes toca reinventarse, me convenzo, agarro aguja de ganchillo e ideo nuevos puntos para tejer ilusiones. Aquí había agujero, o pata de gallo. Ya no, ahora toca nudo. Y así todos los minutos, me reinvento.
Entonces, en un huracán de frases ensayadas ántes de dormir, va ese muchacho y aparece. ¿Y ahora qué hago yo con tu vida rara y mi vida rara?, me digo. Así que antes siquiera de pensar tácticas de batalla, voy y me rindo. Ahí te quedas, muchacho, yo no me atrevo.
Pero ya lo dije antes, que cada vez los regalos vienen en días más inesperados, envueltos en las cosas más absurdas. Estaba yo reinventando, por eso, cuando llegó mi Reina Maga.
- Mira, los compré en el chino de Vitoria, el que está cerca de la Plaza Lovaina, pensé que este te gustaría.
Y lo puso sobre mi mesa.
A veces hay que buscar señales levantando baúles, abriendo buzones ajenos de forma desesperada. Otras veces esas señales te miran a los ojos, fruncen el ceño y te sueltan tremenda bofetada.
Sobre mis apuntes brilló el verdoso caparazón de cristal de un insecto a lunares. Es así como lo pensé hace unos meses, idéntico. Es él, el auténtico bicho de la Oportunidad, un cuento que escribí y que se ha hecho real para traerme este año el regalo que necesitaba.

- Gracias mamá, de verdad, me encanta.
Gen.
Y mientras tanto:
Raul Midon – Devil May Care
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