Algunas Noches en Vela
Thursday 10 de June de 2010, 2:40

Gen.
Y Mientras Tanto:
Funkadelic – Maggot Brain

Gen.
Y Mientras Tanto:
Funkadelic – Maggot Brain
Me di cuenta anoche de que la razón por la que no podía dormir era el extremo calor que sentía en el pulgar de la zurda. Tras 720º de vueltas sobre mí misma, opté por cambiar de posición. Los pies hacia el cabecero de la cama. La cabeza donde los pies.
Y desde esa perspectiva descubrí un mundo nuevo. La luz rosa de la noche madrileña – familiar, como siempre, mía – convirtió el ático de enfrente, cuadrado y plagado de chimeneas y ventanucos circulares, en la cubierta de un barco de carga, que zarpaba, siguiendo la paralela del marco de mi ventana. Cuando me agotó el vaivén de las olas, presté atención a las tres estrellas gigantes de papel que cuelgan en mi techo.
- Desde los pies se ven mejor – pensé.
Descubrí, también, que no me hace falta variar mi posición para soplar fuerte y perderme en sus giros – que se tocan las puntas, que se chocan, que se mecen o se detienen.
Soplo un par de veces más hasta que me canso.
Después me percaté de que el giro lento, agotado, de una de ellas, si logro ignorar el siempre presente factor de la perspectiva, se convierte en un puntiagudo pez bidimensional que va abriendo la boca y cerrando las aletas, despacio.
Incluso antes de cansarme de mirar el pez me doy cuenta de que en el dedo gordo de mi mano izquierda sigue sintiéndose calor.
Creo que al revés dormiré mejor. Por lo menos acabaré durmiendo a pesar de los nervios que tengo por irme, por segunda vez, a vivir a la India.

Gen.
Y mientras tanto:
Jeff Buckley – Mojo Pin
Esto tiene que ver con Continentes, Huidas, Irrealidades, Lindas Artes | Hay 2 comentarios
El primer día de clase de pintura, volví a casa enfadada.
Me imaginaba un aula enorme, todos con caballete y lienzo, y un profesor dando vueltas, mirando, dando consejos, enseñando técnicas, haciendo nuevas propuestas. La realidad del primer día se me hizo muy distinta. Un profesor alabando lo abstracto muy por encima de lo figurativo, eliminando cualquier rastro de objetos o caras reconocibles de un cuadro para dejarlo todo en un mejunje de colores, rayitas, circulitos. Un profesor que convertía lindas propuestas de alumnos en una de esas pinturas que generalmente ignoro en un museo.
Era extraño, ya había investigado la pintura del profesor y me fascinaron sus cuadros. Lejos de encontrarme una ristra de abstractos porque sí y sin sentido, dí con una paleta de colores maravillosa y un imaginario extraño e inquietante; de esas cosas que me gustan a mí, juguetes, perros, vacas soñando mariposas, reuniones bizarras, batallas de ajedrez y platos llenos de objetos absurdos. Sin embargo en clase la cosa era diferente.
Lo bueno es que en esa clase conocí a un gran artista. Entre pinturas negruzcas y siniestras, Rodrigo me dejó ver su cuaderno, quizás no tan negruzco pero sí igual de siniestro. Su dibujo era la perfeccion, el trazo exacto, la sombra perfecta, lo hiperrealista de lo surrealista. Entre bromas comentábamos esa obsesión por lo abstracto que no entendíamos ninguno de los dos.
Pero un día Gabriel, entre vino y patatas fritas, explicó el por qué de tanto abstracto.
“Si te enseño a poner guías, medir, pintar con exactitud, crecerás limitado. Si hacés exactamente lo que sabés hacer, seguirás limitado. Sin embargo si vos te volvés loco y jugás con cosas con las que jamás jugaste, usás el color, te olvidás de esa perfección, si vos te dejás llevar, quizás encuentres algo más aparte de lo que ya sabés, algo que también forme parte de tí pero que aún esté por conocer.”
Y Rodrigo quedó parcialmente satisfecho con la explicación. Mientras tanto, yo hice uso de mis lápices de colores para retratarle.

Pero, hoy por hoy, aún no lo hizo.
Gen.
Y mientras tanto:
The Samuel Jackson Five – If You Show Off the Milk, Who’s Gonna Buy the Cow?
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Cuando uno tiene un barco, se arriesga a ser abordado.
Son los peligros del marinero. Eso, los pulpos gigantes, los barcos fantasmas, los icebergs, los submarinos nucleares franceses, los submarinos nucleares ingleses y el triángulo de las bermudas.
Aunque, si de pequeño viste cientos de películas de piratería, siempre creiste que, desde luego, la vida pirata es la vida mejor, y además tienes amigas bucaneras con ganas de jugar, al final la idea de ser abordado llega a tener hasta cierto encanto.
Por eso comienza este inventado comunismo náutico. Acá todos los barcos son de todos.
O lo que es lo mismo. Mayo se presenta como el mes de las invasiones entre blogs, así que Los Ritos de Paso, vi230850, Mundo Iconoclasta, Este Jardín, El Cuaderno de Tigrida, Batman es Indio, Notas de Papel, Contemporáneos, Tres Pies del Gato y una servidora andaremos perdidos de barco en barco, abordándonos los unos a los otros.

Suerte.
Gen.
Esto tiene que ver con Abordajes, Irrealidades | No hay comentarios
Ultimamente pienso mucho en dios. No pienso en si existe o no, eso es aburrido, ya tuve los 11 años para darle suficientes vueltas a ese asunto. Hace tiempo me di cuenta de que un concepto tan amplio como el de dios daba espacio para imaginar muchas, muchísimas cosas, tantas que me resultó estúpido no hacerlo. Lo divertido fue empezar a enriquecer aquel concepto a mi manera, como cuando en aquellos años de preescolar te daban una hoja en la que sólo había una sencilla silueta negra. Y sobre la mesa, montones de ceras de colores.
Esto es divertido, pensé, cada uno puede tener el dios que quiera. Incluso el que hubiera querido ser.
Mi dios, para empezar, no se llamaría Dios, ni tendría forma. Quizás sólo pudiera tener la forma de un gigantesco calamar metafísico, únicamente porque una noche soñé con aquello y me pareció un bicho curioso. Mi dios no tendría de eso que llaman ira. No lanzaría rayos ni truenos ni centellas como castigo. No perseguiría a los malos ni premiaría a los buenos con la idea del cielo, sino que dejaría que la gente muriera al morir. No le importaría que la gente no creyera en él, no tendría hijos en la tierra sobre los que se escribieran novelas, no necesitaría de profetas y demás interlocutores.
No sería un dios del terror, y pasaría también de todo ese asunto del amor. Para todo eso ya están los humanos, diría. Simplemente sería muy listo. Y con sentido del humor.
Sería el dios de las casualidades, ese que te pone mensajitos ocultos por el mundo sólo para ver qué cara pones. Un dios que se divierte gastando ese tipo de bromas. Sería irónico, sarcástico, cínico y certero. Un cachondo mental.
Diría, vamos a ver a quién podemos tocar las narices hoy. ¿Quién necesita que le recuerden algunas verdades?.
Seguramente todo cobraría más sentido, y desde luego un sentido mucho más gracioso. Cualquier encontronazo curioso, cualquier situación casual, cualquier señal, cualquier mensaje captado, acabaría en un mirar al cielo con ojos de reprobación. O un leve movimiento de cabeza, un chasquido, un ¿ya estmaos?, un pillín, para llegar hasta una sonrisa, o incluso una carcajada. Este dios, siempre con sus bromitas.

El otro día no podía dormir. En cuanto conseguía conciliar el sueño, una suerte de razones absurdas hacía que volviera a abrir los ojos. Un mosquito escandaloso, un sueño raro, el movil vibrando, una bandera del Perú sobre mi cara. Lo que no esperaba encontrar era cristales entre mis sábanas. ¿Cómo carajo he llegado a meter cristales en mi cama? ¿Cuándo? ¿De qué manera?. Lamentablemente aún no creía en este dios, el dios de las pequeñas bromas, porque todo habría acabado con una risita, un guiño de complicidad. Ay, pillín, qué cabroncete te pones cuando quieres.
Está bien que te eches unas risas, muy gracioso el truco de los cristales. Muy gracioso eso de “¿viste, muchacha?, metiste en tu cama cosas que te perjudicaron”. Muy gracioso, dios, esta vez te has lucido. Pero hazme un favor, ¿quieres?, para la próxima hazlo con algo que no pinche. Me hiciste un arañazo.
Y te rezo un padrenuestro, anda.
Gen.
Y mientras tanto:
Nina Simone – Sinnerman
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Cuando Ojos de Papel decidió marcharse, los años ya le habían convertido en un hombre capaz de llevar Maleta.
Parecía una tontería, pero él sabía que aquello no era tan sencillo, como llevar un macuto, ni siquiera como llevar un petate. Llevar maleta acarreaba una responsabilidad mayor. Evidentemente no se trataba de una maleta cualquiera. En aquel entonces las maletas eran de cuero marrón, con refuerzos en las esquinas. De esas maletas que alguna vez llegaron a convertirse en musas de ciertos artistas, maletas de viajante. Moverse acarreando una de aquellas maletas implicaba demasiadas cosas: uno no podía viajar con algo así si no tenía algo que contar.
La maleta de Ojos de Papel era vieja, heredada, posiblemente de su abuelo, después de su padre. La conocía desde muy pequeño, cuando desaparecía de su casa con su padre, repleta de rencores matrimoniales, promesas incumplidas, esperanzas en futuros ficticios y corbatas de seda. La volvió a conocer cuando regresó con camisas arrugadas, añoranzas y deudas. A partir de entonces la maleta se quedó en casa, siempre a la vista, apoyada en una pared cerca de la puerta de entrada. Ojos de Papel la dibujaba de forma obsesiva, le gustaba cómo su sombra la anclaba violentamente a cualquier lugar, como si ese fuera el definitivo. Una maleta así podía construir, allá donde fuera, hogares de decorado de lo más creíbles.
Cuando Ojos de Papel decidió marcharse, ya había vuelto muchas veces antes. Su madre sacó la maleta de su eterno hueco en la puerta de entrada y la vació por primera vez en quince años. Toma, llévatela en tu búsqueda, un hombre como tú ya empieza a necesitar un cacharro de estos.

Cuando Ojos de Árbol entró en el quinto anticuario del Rastro, vio lo que estaba buscando.
- Esa, necesitamos esa. Es preciosa, cuero marrón, antigua pero restaurada. Es la maleta que buscábamos para Jonathan Harker, ¿no te parece?. ¿Cuánto cuesta?
- ¿Esa? Podría dejártela en ciento cincuenta.
- ¿Qué?
- Verás bonita, una maleta de principios de siglo, auténtica, restaurada. ¿Tú sabes el trabajo que cuesta arreglar eso? Los refuerzos son fuertes, cosidos a mano, el cierre funciona perfectamente, el cuero no tiene manchas, el forro es nuevo y está limpio. Es una maravilla y cuesta lo que cuestan las maravillas.
- Pues yo no tengo tanto dinero.
- ¿Cuánto tienes?
- Veinte euros.
El dueño del anticuario soltó una sonora carcajada. Veinte euros, qué insulto. Aquella imbécil quería una maleta de cuero restaurada y ofrecía veinte miserables euros.
- Perdona, pero no tengo nada aquí para tí.
Cuando Ojos de Árbol salió del quinto anticuario, el dueño decidió probar con algo diferente.
- ¡Espera! Quizás esto te interese. Está demasiado vieja, destrozada, restaurarla no sale rentable. Los cierres están rotos, tendrás que arreglarlos con una cuerda, el cuero está estropeado por la humedad y el forro es feo y malo. Si te la llevas, te llevas también todos los trastos que tiene dentro; está llena de mierda. Es tuya por treinta euros.
- Tengo veinte.
- ¿Veinticinco?
- Me la llevo.
Cuando Ojos de Fuego leyó sobre maletas, pensó que aquello podría ser la pista que buscaba.
Recordó haber visto una vieja maleta marrón olvidada en lo alto de algún armario del almacen de su grupo de teatro. Había leído que las maletas así sólo podían contener historias, sólo podían escupir magia. Era curioso que nunca se le hubiera ocurrido abrirla para curiosear dentro, pero ahora que Ojos de Fuego buscaba una pista, era el momento de hacerlo.
Colocó una silla bajo el armario para alcanzarla, la bajó y la apoyó despacio sobre la mesa; había que tener cuidado, si era la del relato los cierres habrían de estar rotos.
Cuando Ojos de Fuego abrió la vieja maleta, entre polvo y decenas de objetos absurdos… encontró una historia.
Gen.
Y Mientras Tanto:
Johnny Cash – Hurt
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Para todo hay una historia verdadera. También la hay para ella.
La Reina Carmesí vive en un castillo al suroeste de su reino. El Rey Carmesí vive en otro, al noreste. En los terrenos de la Reina crecen los Bosques de las Ciencias rodeados por los Prados de las Artes. Ese es el único lugar en el que se pueden encontrar ovejas ojirrubinas, una especie criada por una tribu autóctona de gran prestigio en el reino, los pastores reflejo. Los pastores se ocupan del trasquilado de las ojirrubinas cuando éstas cumplen tres años de edad. Esa lana virgen viaja directamente al castillo de la Reina, donde cientos de hilanderas trabajan una semana cada tres meses para convertirla en ovillos y ovillos que se van almacenando en las torres. Esa lana es especial, nunca es del mismo color, nunca de la misma suavidad. A veces rojiza o con reflejos dorados, a veces ruda y blanquecina. Todo depende de ella, de la Reina Carmesí. Ella es la única que utiliza la lana que hilan las hilanderas, que traen los pastores reflejo, que trasquilan de las ovejas ojirrubinas, que se crían en los Prados de las Artes. La Reina Carmesí se sienta en el suelo de su castillo sin amueblar, elige un ovillo y comienza. Con esa lana, la Reina es capaz de tejer finales de cuento para todas las historias. Y además, disfruta haciéndolo.

- ¿Qué te pasa, Gen? Hoy estás como ausente.
- Nada. No te preocupes demasiado, que te vas a saltar otro semáforo.
- Perdóname por preocuparme, es la costumbre. Venga va, suelta ya qué es lo que te ocurre.
- Tan sólo pensaba en un invento… una idea, un sistema, como quieras llamarlo…
- Sigue.
- Pensaba en la manera de convertir historias verdaderas en cuentos con magia. La manera de que siempre haya un final de cuento, una interpretación de érase una vez, o una moraleja o un misterio o una promesa.
- No entiendo. ¿Convertirlos en la realidad o sólo en tu mente?
- ¿Acaso no es lo mismo?
- No.
- Sí.
- … Pareces salida de una comedia romántica.
- Anda, no me hables.
Gen.
Y mientras tanto:
King Crimson – Fracture
Esto tiene que ver con Alguien, Irrealidades | Hay 3 comentarios

Felicidades, viejo, hoy es tu cumpleaños.
Como es tu cumpleaños y no te mereces regalos, he decidido darme un homenaje y acabar con nuestros sueños. Hoy, como regalo de cumpleaños, convierto un susurro en una realidad y formalizo mi intención de irme, lejos de mí y lejos de tí. Hoy me regalo una nueva terraza, distinta a la de nuestros sueños, mucho mejor en realidad. Es una terraza donde quedará la mesa sin recoger tantas, tantas noches, una terraza donde sonreir sin tí.
Felicidades, viejo, me voy a un lugar en el que ya no me puedes encontrar.
Pero antes, me hago unos cuantos regalos más por tu cumpleaños. Desgarro tu imágen en mi mente. Podría romper tus fotos pero ya lo hice una vez, y lo único para lo que sirvió fue para no poderlas volver a romper. También me apropio de un jardín de árboles con formas y colores, porque lo planté y lo regué y te lo dí, pero tú no lo quieres. Además reconquisto mi cuerpo al completo, incluso el hueco que hay entre mis clavículas. Ya no es tuyo.
Tú celebra el día de hoy, que te haces viejo, te enfrías, te conviertes en una figura en tono de grises y además pierdes las cosas.
[Mi abuelo, de viejo, tenía un muñeco de una pantera rosa que no me dejaba tocar, porque yo tan sólo era una niñita.]
Felicidades, viejo, algún día tú también tendrás uno.
Pero yo me largo.
Gen.
Y mientras tanto:
Kevin Johansen – Desde Que Te Perdí
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- Y a tí, ¿qué te han traído los Reyes Magos?
- Un par de tebeos, y algún disco raro.
Cada año somos más niños, cada vez los regalos vienen envueltos en un papel diferente. Los regalos vienen en días extraños, camuflados a veces en sonrisas, a veces en ideas, otras en símbolos.
Este año leo tranquila mis tebeos, escucho mi disco raro, miro desde mi octavo todas las fotos que ya he hecho alguna vez. Mientras disfruto de mis regalos, pienso. El año pasado terminó siendo muy extraño. Ahora tomé una determinación, este mes toca reinventarse, me convenzo, agarro aguja de ganchillo e ideo nuevos puntos para tejer ilusiones. Aquí había agujero, o pata de gallo. Ya no, ahora toca nudo. Y así todos los minutos, me reinvento.
Entonces, en un huracán de frases ensayadas ántes de dormir, va ese muchacho y aparece. ¿Y ahora qué hago yo con tu vida rara y mi vida rara?, me digo. Así que antes siquiera de pensar tácticas de batalla, voy y me rindo. Ahí te quedas, muchacho, yo no me atrevo.
Pero ya lo dije antes, que cada vez los regalos vienen en días más inesperados, envueltos en las cosas más absurdas. Estaba yo reinventando, por eso, cuando llegó mi Reina Maga.
- Mira, los compré en el chino de Vitoria, el que está cerca de la Plaza Lovaina, pensé que este te gustaría.
Y lo puso sobre mi mesa.
A veces hay que buscar señales levantando baúles, abriendo buzones ajenos de forma desesperada. Otras veces esas señales te miran a los ojos, fruncen el ceño y te sueltan tremenda bofetada.
Sobre mis apuntes brilló el verdoso caparazón de cristal de un insecto a lunares. Es así como lo pensé hace unos meses, idéntico. Es él, el auténtico bicho de la Oportunidad, un cuento que escribí y que se ha hecho real para traerme este año el regalo que necesitaba.

- Gracias mamá, de verdad, me encanta.
Gen.
Y mientras tanto:
Raul Midon – Devil May Care
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Carmelo Buenqueso es un buen ratón, pero a veces se comporta de forma estúpida. Carmelo Buenqueso no es modesto, ni honrado, ni honesto. Carmelo Buenqueso es un ratón destinado a hacer grandes cosas, pero hace sentir a los demás peores ratones que él. Carmelo Buenqueso a veces se acobarda.
A pesar de todo, yo quiero a Carmelo Buenqueso.
- ¿Por qué lo quieres?
- Porque a veces es como un niño. A veces es cruel, otras es suave. Sea como sea, a veces es sincero y entonces lo entiendes…
- ¿El qué entiendes?
- Que Carmelo Buenqueso es su peor enemigo.
- Hay algo que me ocurre cuando Carmelo Buenqueso está presente.
- ¿Qué es?
- Que me siento una ratona muy pequeña. Una ratona de campo, poco lista y pisoteable. Conforme él se acerca, yo me voy sintiendo más y más pequeñita.
- Lo sé, a todos los demás también nos pasa.
- ¿Y por qué lo quieres?
- Porque a veces es como un niño.
- ¿Por qué se fue?
- Íbamos a embarcarnos en un transatlántico de madera, como ratones polizón.
- Eso era una locura, ¿en qué estabais pensando?
- Pensábamos en aventuras y nuevos paisajes. Pensábamos en balcones, en la mesa sin quitar. Pensábamos, pero se nos olvidó pensar en algo que era importante.
- ¿Qué es?
- Que le tiene pánico a las olas del mar, dice. “No quiero marearme en el trayecto”, dice. “No quiero marearme con las olas del mar”.
- ¿Huyó?
- Sin avisar.
- ¿Y cuando vuelva le perdonarás?
- No volverá el mismo Carmelo Buenqueso. No sin cambiar.
- ¿Y cambiado le querrás?
- Claro. A veces será como un niño.
- ¿Estás triste?
- Sí.
- ¿Y enfadada?
- También.
- ¿Y por qué no lo olvidas?
- Porque olvidarle es la forma más fácil de que vuelva a aparecer.
- ¿Y qué harás entonces?
- Le odiaré todo lo que no he podido odiarle ahora.
- ¿Pero le odiarás de verdad?
- Le odiaré lo más rápido posible, para poder empezarle a querer de nuevo.

Gen.
Y mientras tanto:
DM Stith – Be My Baby
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