El Tercer Continente.

Viernes 31 de Julio de 2009, 0:40

Como en un trampolín, desde Sudamérica ya vislumbro el siguiente viaje. Este es el año de los tres continentes, vivo en Argentina siendo europea, y en escasos dos meses estaré haciendo la maleta para marchar a mi siguiente cruz en el mapa.

Me voy al sur de Asia, al sur de mi idolatrada India, a una pequeña ciudad tranquila y apacible a trabajar, o estudiar, o ambas, bajo el yugo de una novísima y enorme empresa de Tecnología de la Información y la Comunicación.

Lo bueno es que nos juntamos muchos en la misión de explorar el universo. Aún nadie salió del planeta, pero por el momento ya somos dos en Asia, dos en África y otros dos en América, norte y centro.

Mientras tanto, los peces vuelven a flotar sobre mi cabeza. Les estaba extrañando, chicos.

Gen.

Y mientras tanto:
Robert Plant & Jimmy Page - City Don’t Cry

Os Presento, Un Artista.

Miercoles 15 de Julio de 2009, 6:00

El primer día de clase de pintura, volví a casa enfadada.

Me imaginaba un aula enorme, todos con caballete y lienzo, y un profesor dando vueltas, mirando, dando consejos, enseñando técnicas, haciendo nuevas propuestas. La realidad del primer día se me hizo muy distinta. Un profesor alabando lo abstracto muy por encima de lo figurativo, eliminando cualquier rastro de objetos o caras reconocibles de un cuadro para dejarlo todo en un mejunje de colores, rayitas, circulitos. Un profesor que convertía lindas propuestas de alumnos en una de esas pinturas que generalmente ignoro en un museo.

Era extraño, ya había investigado la pintura del profesor y me fascinaron sus cuadros. Lejos de encontrarme una ristra de abstractos porque sí y sin sentido, dí con una paleta de colores maravillosa y un imaginario extraño e inquietante; de esas cosas que me gustan a mí, juguetes, perros, vacas soñando mariposas, reuniones bizarras, batallas de ajedrez y platos llenos de objetos absurdos. Sin embargo en clase la cosa era diferente.

Lo bueno es que en esa clase conocí a un gran artista. Entre pinturas negruzcas y siniestras, Rodrigo me dejó ver su cuaderno, quizás no tan negruzco pero sí igual de siniestro. Su dibujo era la perfeccion, el trazo exacto, la sombra perfecta, lo hiperrealista de lo surrealista. Entre bromas comentábamos esa obsesión por lo abstracto que no entendíamos ninguno de los dos.

Pero un día Gabriel, entre vino y patatas fritas, explicó el por qué de tanto abstracto.

“Si te enseño a poner guías, medir, pintar con exactitud, crecerás limitado. Si hacés exactamente lo que sabés hacer, seguirás limitado. Sin embargo si vos te volvés loco y jugás con cosas con las que jamás jugaste, usás el color, te olvidás de esa perfección, si vos te dejás llevar, quizás encuentres algo más aparte de lo que ya sabés, algo que también forme parte de tí pero que aún esté por conocer.”

Y Rodrigo quedó parcialmente satisfecho con la explicación. Mientras tanto, yo hice uso de mis lápices de colores para retratarle.

Pero, hoy por hoy, aún no lo hizo.

Gen.

Y mientras tanto:
The Samuel Jackson Five - If You Show Off the Milk, Who’s Gonna Buy the Cow?

Una Sobre Laus.

Viernes 10 de Julio de 2009, 1:23

Cuando estaba a punto de marchar para Argentina, el duende pecoso, que es como mi hermana algunas veces y como mi novia casi siempre, me regaló algo que supo que iba a necesitar. Una caja de colores. Y yo, que apenas había salido de las estrictas lineas del boli Bic, prometí que le mantendría al tanto de los resultados.

Así que ahora que esto va de dibujos, aprovecho.

El primer día de clases en el Rojas vi a la niña más bonita del mundo escuchando atenta los desvaríos del profesor. Cuando tuvimos que hacer nuestro primer dibujo, no dudé en pintarla a ella. Más tarde tuve la suerte de conocerla y ahora es una de esas personas a las que echaré en falta cuando regrese a Madrid. Que por cierto, resultó llamarse igual que el duende pecoso.



“Hay una niña en esa clase que no podría ser más bonita, por mucho que quisiera. Lo mejor es que mira con la sencillez de alguien que no lo sabe.”

Gen.

Y mientras tanto:
Tori Amos - Leather

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Cuentos por Dibujos.

Martes 07 de Julio de 2009, 1:43

Aquí los meses pasan rápido.

Me despisté un instante y ya se cumplieron cuatro meses desde que estoy aquí. Vinieron visitas, con el muchacho de la maleta y demás amigos viajé al Sur. Se fueron las visitas. Vinieron otras, que viajaron por el Norte sin nosotros. Y mientras tanto, la ciudad sigue diciéndome cosas. Hoy en día no puedo contar muchos avances. Simplemente, el trabajo bien, la casa perfecta, el invierno recién llegado, los amigos escasos pero geniales, el futuro incierto, y los planes, miles, y todos apetecibles.

La pintura, el descubrimiento del año. Así que voy a cambiar los cuentos por dibujos, al menos mientras me siga costando tanto saber qué contar. Por ahora, una foto de mi improvisado taller de pintura.

Gen.

Y mientras tanto:
Jefferson Airplane - White Rabbit

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El viento mueve una bolsa

Lunes 25 de Mayo de 2009, 23:16

Sí, lo sé, la dignidad no se pisa… pero vaya, “los faunos se ocultan en la maleza”:

http://www.youtube.com/watch?v=HpWWLnjpSRU

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El nacimiento del caparazón

Domingo 10 de Mayo de 2009, 22:06

Empieza de manera casi imperceptible. Un sutil endurecimiento de la piel en algunas zonas como el que causa una alergia, o una exposición imprudente al calor o al frío. Poco a poco se extiende. Lo notas un día que no puedes dormir. No encuentras postura. Te pongas como te pongas, hay algo que se te clava. Pero no como si estuviera en la cama. Más bien como si estuviera en ti.

Luego, a medida que se extiende, va cobrando además características diferenciables. Según el caso. Puede revelarse visible, compacto, geométrico, como el de una tortuga anciana. Hogareño y espiralizado como el de un cangrejo ermitaño. Negro y llamando a la huida como el de ciertas arañas. Casi transparente, una gamba bebé. Puede tener estrías o color de coral. Puede ser que lo lleves a la espalda como una mochila llena de libros o que sólo te asomen por debajo los pies. Puede ser que siga siempre impidiéndote dormir, espetado en tu cuerpo como en el de esos moluscos de patas largas que corren por las playas sin que nadie conozca su nombre; o puede que sea, caracol, el refugio insonorizado perfecto para un sueño que dure toda la temporada de sol. Con los años puede hacerse hermético, dejarte atrapado entre sus dos tapas como un dibujo de sirena. Y hay no poca gente que desarrolla los pinchos de un erizo de mar.

Hace poco aprendí que los calamares también tienen una especie de caparazón. Lo observo y el mío parece ser de esos. Es mi diagnóstico. Un caparazón que nadie diría, un caparazón esqueleto que ondea como si no estuviera. Pero que está.

Una página web dice:

La concha de las sepia, llamada jibión, se usa para que los pájaros de jaula afilen sus picos mientras la picotean. Las conchas de la sepias pueden aparecer esparcidas por las playas, traídas por la corriente marina.

Me parece peligroso. Entre todos los caparazones posibles, justo este. Por qué a mí.

En fin, uno acaba por admitir. No le queda más remedio, cuando las durezas empiezan a inmiscuirse en las rutinas. La vida, solidaria con la piel, empieza a cambiar de color. Los amigos comentan.

Uno quiere quitárselo. En realidad no le duele nada, no tiene miedo. No lo cree necesitar, no sabe por qué ha tenido que salirle. No lo pidió. Uno quiere quitárselo como quien se quita una coraza, desvestírselo también y dejarlo arrugado a los pies de la cama. Poder estar desnudo otra vez.

Pero no. Uno no elige los caparazones. Nacen y no son como las corazas. No puede uno desnudarse así. Ellos tienen anclas en la piel.

Cuando regreses, da tres golpes secos en el mío. Intentaré salir y explicarte lo que me pasó.

caparazoncitos

Y mientras tanto:
Chris Isaak - Wicked game

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ñoarandanzas

Jueves 07 de Mayo de 2009, 18:12

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La historia del violín.

Jueves 07 de Mayo de 2009, 0:25

Luis Sepúlveda quería escribir un libro conjunto con su amigo, el fotógrafo Daniel Morzinski, así que se fueron de viaje por la pampa argentina.
Aquel desierto hacía que durante días ni el objetivo fotográfico de Daniel ni los caballos ni ellos mismos, encontraran nada más que un arbusto ocasional. De pronto, en el horizonte empezó a dibujarse la figura de un hombre. Caminaba solo, casi sin equipaje, únicamente una pequelña bolsita con algo de mate y pan. A la altura del hombre, pararon los caballos y le preguntaron qué hacía por allí. El hombre dijo buscar un violín.
Como estaban detrás de una historia, a Luis y Daniel les atrajo la búsqueda de aquel tipo y decidieron acompañarle, porque le advirtieron que no vería nada en kilómetros y aún así quiso seguir la ruta que se había marcado.
En una parada, mientras compartían mate, Luis se atrevió a preguntar.

- Amigo, y ese violín, ¿cómo es?

- Es un estupendo violín.

Después de una jornada en ruta, el hombre creyó encontrar algo.  Avanzó hasta lo que parecían unos leños abandonados y los cogió con una delicadeza que cautivó a los dos amigos.

- Ya encontré mi violín.

Como el tronco resultaba muy pesado, se ofrecieron a acompañarlo hasta casa. Llegaron después de dos jornadas de ruta, y al entrar descubrieron infinidad de instrumentos, porque aquel hombre era un  luthier, y trabajaba nada menos que para la Orquesta Sinfónica  de Viena.
Viviendo en una casa tan apartada, en la que el pueblo más cercano estaba  días  de viaje, resultaba sorprendente que aquel hombre pudiese estar en contacto con los músicos más importantes del mundo. Por supuesto, no siempre había sido así.

- Antes vivía en Buenos Aires, pero después de todo lo que ocurrió en mi país, cuando empezaron a matar a mis amigos, supe que no podría ir a los mismos cafés sin encontrarlos, caminar por las mismas calles sabiendo que jamás me  volvería a cruzar con ellos. Así que me vine a este lugar, lejos de todo. Pero, hay algo que no saben aquellos que mataron a mi gente -y señalaba  el reverso de un violín, que tenía un nombre escrito- y es que en cada instrumento que hago está el nombre de uno de esos amigos y ahora ellos viajan por todo el mundo.

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Aviso a Navegantes.

Lunes 04 de Mayo de 2009, 17:20

Cuando uno tiene un barco, se arriesga a ser abordado.

Son los peligros del marinero. Eso, los pulpos gigantes, los barcos fantasmas, los icebergs, los submarinos nucleares franceses, los submarinos nucleares ingleses y el triángulo de las bermudas.

Aunque, si de pequeño viste cientos de películas de piratería, siempre creiste que, desde luego, la vida pirata es la vida mejor, y además tienes amigas bucaneras con ganas de jugar, al final la idea de ser abordado llega a tener hasta cierto encanto.

Por eso comienza este inventado comunismo náutico. Acá todos los barcos son de todos.

O lo que es lo mismo. Mayo se presenta como el mes de las invasiones entre blogs, así que Los Ritos de Paso, vi230850, Mundo Iconoclasta, Este Jardín, El Cuaderno de Tigrida, Batman es Indio, Notas de Papel, Contemporáneos, Tres Pies del Gato y una servidora andaremos perdidos de barco en barco, abordándonos los unos a los otros.

Suerte.

Gen.

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Plácida como una vaca. Dulce como una ciruela.

Martes 14 de Abril de 2009, 18:04

Tengo que contar que, hace casi un par de semanas, me di un buen susto.

Cuando miré el calendario y taché el 28 de Marzo se me cayó el boli al suelo pensando que ya se había cumplido el mes. Fui corriendo a darme una ducha fría, para pensar mejor. Qué demonios hago, carajo, llevo un mes en Argentina y apenas lo conzco. Aún no fui a Boca a recorrer las míticas calles multicolores de Caminito, todavía no he probado el mate, no he comido alfajores. No he ido al teatro Colón, no he visto un buen espectáculo de tango en directo. ¡Ni siquiera he conocido gauchos a caballo! Qué angustia.

Por fortuna el duendecillo bueno de mi casa se metió en mi ducha y me dijo “dejate de boludeces”. Me dijo, “pasó un mes pero ya tenés un departamento espectacular, te mudaste, te adaptaste, te hiciste un hueco en un despacho de una universidad nueva y leiste cientos de artículos sobre todas esas historias en las que trabajás”.

Me dijo “dejate de estreses, ahora que vos estás bien adaptada, ahora es cuando toca empezar a moverse”.

Y así fue como el duendecillo hizo su tarea y, sin quererlo ni beberlo, se nos apareció la primera visita de la temporada.

Pedro y Paola son novios desde hace muchos años. Casi casi desde que ella y su familia decidieron abandonar su pueblo, un lugar llamado La Banda, y cruzar el charco para llegar a vivir en España. La Banda se quedó en Argentina, a unos 1200 kilómetros de Buenos Aires, en una provincia llamada Santiago del Estero. Allí se quedó también la casa donde todos se criaron, se quedaron Gladis la abuelita india, la blanca abuelita Clota, se quedaron tíos y tías, hermanos, primos, hijos, amigos, vecinos, muebles, alfombras, costumbres y la hora del mate, que es la que los reunía a todos.

En España Paola conoció a Pedro y la nostalgia por todas aquellas cosas hizo que, poco después, la pareja se convirtiera en viajante habitual del país.

Cuando Paola y Pedro se conocieron, él ya sufría la mayor locura de la carrera de Ingeniería Informática, las prácticas. Su compañero de prácticas, Jose, poco después de acabar la carrera, se echó una novia loca. Ella quería marchar a Argentina y Jose se fue con ella. Este cuento ya os lo sabéis.

Unos vienen y otros se van. Como siempre me dicen los taxistas porteños, “vos venís a Argentina, y por acá están todos re-locos por marchar para allá”.

La coincidencia, el mundo pequeño, el mundo pañuelo, hizo que todos acabáramos en este país durante la última semana. Les tocaba hacer la visita ritual a toda la gran porción de vida que se había dejado Paola por aquí y, de paso, nos ofrecieron unos días de adopción santiagueña.

Plácida como una vaca, dulce como una ciruela. Así era Santiago del Estero cuando Gombrowicz la describía en su Diario, en torno a los 50. Y así sigue siendo décadas después, la ciudad, sus pueblos, su gente, su viento, sus costumbres. Y plácidos como vacas vivimos nosotros durante tres días en los que comimos asado y degustamos tortas (o tartas) junto a nuestros tios, tías, primos, abuelas, vecinos y amigos adoptivos.

Si sólo pudiera describir el sosiego de cada uno de los minutos en las sillas de metal de la galería que da al jardín, de cada una de las vueltas que dan las hélices del ventilador de techo, de ese colibrí que aletea despacio, despacio… Los besos de la Negrita, las palabras argentinas de Ramón cuando habla de su juventud en la marina. Los ojos del joven indio cuando sueña con viajar a España, “sacáte el pasaporte, Indio, sacátelo ya, ché”, le dice su prima.

Después de esos tres días, el autobús nos devolvió a Capital en doce horas. De plácidas vacas pasamos a ser turistas en pleno furor. De tomar mate en el porche viendo circular constelaciones, pasamos a la locura del colectivo, a las miles de fotos en las calles de Caminito, al paseo por Costanera Sur, por Puerto Madero, la cerveza y el tango en la Plaza Dorrego, la visita nocturna a la Plaza de Mayo, el calor del Subte y los Bosques de Palermo.

Entonces se acabó la semana, Paola y Pedro se fueron, y nosotros nos volvimos a quedar solos en casa. Pero ahora el duendecillo, sentado esta noche a mi lado, en el sofá sobre el cojín naranja, me dice “¿viste?, para qué tanto agobio”.

Me dice “ché, empezaste re-bien el mes de Abril,

¿viste?”.

Gen.

Y mientras tanto:
Atahualpa Yupanqui - El Arriero, La Cruz del Sur

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