www.genocation.com nació hace ya más de trece años, era una página de fondo negro, enmarcada en dibujos de fantasía. La segunda versión empezó a tener palabras. La tercera se tiñó de blanco, se volvió serena y empezó a viajar. La cuarta intentó adaptarse a un nuevo lugar, a un nuevo idioma. Esta versión 5.0 se adapta a mí.

Me llamo Gen, tengo distintos hogares, muy distantes entre ellos, y dedico mi vida a quererlos y odiarlos al mismo tiempo, a aprenderlos y a buscar territorio común. Me enfado con el mundo, a veces, busco cosas que rara vez encuentro, duermo poco y dibujo a ratos. También tengo trabajos, claro, pero esos van cambiando. Y por si a alguien se le ocurriera ofrecerme un cambio, aquí dejo todas mis formas de contacto. Bienvenidos

No Hay Dolor.

Meses de mantra.

¿Qué digo, meses? ¡Muchos meses! ¡Un año de mantra!

Dejé de trabajar para una gigantesca empresa en diciembre de 2013. El 2 de diciembre de 2013, para ser exactos. Esa es, por cierto, la fecha que yo celebro – y celebraré – como un aniversario. Como el día de mi revolución, o el día del pie en la luna. Aquel dos-de abandoné una empresa gigantesca y dije que jamás volvería a pasar por ahí.

Y me hice entrepreneur: empresaria, o emprendedora, o aventurera. O loca de la vida.

También me hice otras muchas cosas que vienen en el paquete del pequeño emprendedor. Me hice estricta, ahorradora al extremo, me hice depresiva, obsesivo-compulsiva, absolutamente bipolar, pasé de la alegría extrema a la desesperación absoluta. Me hice sociópata, ermitaña.

No hay dolor, me repetí una y otra vez como si fuera un mantra. No hay dolor, todo el esfuerzo de hoy traerá recompensa mañana. No hay dolor, esto merece la pena. No hay dolor, estoy haciendo lo que quiero.

Empezar una empresa es lo más dificil que he hecho en mi vida: sostenerla a base de jornadas laborales de 15 horas, semanas sin fines. Pasar un año con apenas días de vacaciones. Y sin embargo, ha sido la mejor decisión de mi vida.

Hoy en la comida, mi madre me contaba:

– Un día hace muchos años llegaste a casa y me dijiste, “mamá, quiero ser mi propia jefa… y quiero ser rica.” Nunca se me olvidará.
– Porque te jartaste a reír, supongo…
– No. Porque por la forma en la que lo dijiste supe que lo ibas a hacer.

Lo siento, lectores y amigos, no soy rica. El año pasado me gasté en mi empresa y mi supervivencia todo lo que había ahorrado durante los cuatro años anteriores, pero a decir verdad, me importa un pimiento. Quizás es eso, quizás necesitar menos sea, al final, una forma de tener más.

Vuelvo a habitar este espacio después de largos meses de abandono, espero que sepáis perdonar mis ausencias.

Gen.

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