www.genocation.com nació hace ya más de trece años, era una página de fondo negro, enmarcada en dibujos de fantasía. La segunda versión empezó a tener palabras. La tercera se tiñó de blanco, se volvió serena y empezó a viajar. La cuarta intentó adaptarse a un nuevo lugar, a un nuevo idioma. Esta versión 5.0 se adapta a mí.

Me llamo Gen, tengo distintos hogares, muy distantes entre ellos, y dedico mi vida a quererlos y odiarlos al mismo tiempo, a aprenderlos y a buscar territorio común. Me enfado con el mundo, a veces, busco cosas que rara vez encuentro, duermo poco y dibujo a ratos. También tengo trabajos, claro, pero esos van cambiando. Y por si a alguien se le ocurriera ofrecerme un cambio, aquí dejo todas mis formas de contacto. Bienvenidos

La Parálisis del Sueño.

En una de mis muchas excursiones online en el tema del sueño y sus anomalías, llegué a leer sobre la parálisis del sueño.

La parálisis del sueño es una incapacidad transitoria para realizar cualquier tipo de movimiento voluntario que tiene lugar durante el periodo de transición entre el estado de sueño y el de vigilia […] Durante el episodio, la persona está totalmente consciente.
Aunque puede abrir los ojos, no es capaz de emitir sonido ni mover músculo alguno, lo cual le genera una considerable sensación de angustia […] Por si fuera poco, la persona suele padecer alucinaciones auditivas y visuales que generalmente coinciden en una intensa sensación de presencia y de movimiento en torno a su cuerpo indolente.

Un video lo explica de forma menos aburrida:

Tuve la suerte de haber visto esto ántes de que me pasara por primera vez.

Era Septiembre de 2013. Soñaba, aunque no recuerdo qué. Me desperté de golpe y abrí los ojos. Dormía en posición fetal, de cara a la ventana, vi las cortinas moverse con la brisa. De repente, un zumbido. Algo se movía: eran serpientes dentro del colchón. Las notaba bajo todo mi cuerpo, escuchaba cómo raspaban a su paso la superficie sobre la que dormía. Quise moverme, dar un brinco e incorporarme, gritar, volverme loca, tirarme de los pelos… y no pude. Estaba totalmente despierta, mis sentidos me mandaban señales claras, peligro, terror, y yo allí estaba, inmóvil. Una presión en mi pecho no me dejaba respirar.

Y a los pocos segundos, pude. Tomé una bocanada de aire y las serpientes dejaron de moverse y hacer ruido. Lo comprendí al instante y deseé que nunca jamás me volviera a pasar. Tardé en dormirme de nuevo.

Anoche volvió a suceder.

Soñaba también: una sirena enfadada, tumbada en una mesa redonda de madera maciza, me miraba. Quise pedirle perdón alargando mis brazos hacia ella. Al sentir la presión de sus manos en mis muñecas me desperté de repente.

Abrí los ojos.

Estaba tumbada boca arriba, con los brazos extendidos a ambos lados de mi cuerpo. Un zumbido creció fuerte en mis oídos, terrorífico, mientra algo tiraba de mis brazos hacia abajo. Sobre mi cuerpo vi cómo flotaba una figura gris y azulada: buceaba en el aire. Su cabeza calva y redonda miraba hacia otro lado y sus brazos, extendidos, agarraban mis muñecas. Agarraban fuerte y tiraban, tiraban, tiraban hacia abajo.

Y no me podía mover.

Pensaba: sé lo que está pasando. Tranquila. Tranquila. Si tratas de respirar te ahogarás. Supe que si aquella figura giraba su cara para mirarme sería mucho peor. Quise decirle “No Eres Nadie”. Lo intenté una vez, pero mis cuerdas vocales no respondían. Sigue intentándolo, me dije. Traté de decirlo una vez más. Y otra vez. Y nada.

Al quinto intento logré emitir sonidos quebrados de aire y miedo. Hicieron falta otros tres o cuatro “No Eres Nadie” para que, poco a poco, el zumbido se suavizara y la figura lentamente dejara de apretar mis muñecas. Se desvaneció mientras yo, por fin, pude enunciar perfectamente las palabras con las que me defendí de la angustia. “No Eres Nadie”

Tardé en dormirme.

Menuda putada de noche.

Gen.

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