www.genocation.com nació hace ya más de trece años, era una página de fondo negro, enmarcada en dibujos de fantasía. La segunda versión empezó a tener palabras. La tercera se tiñó de blanco, se volvió serena y empezó a viajar. La cuarta intentó adaptarse a un nuevo lugar, a un nuevo idioma. Esta versión 5.0 se adapta a mí.

Me llamo Gen, tengo distintos hogares, muy distantes entre ellos, y dedico mi vida a quererlos y odiarlos al mismo tiempo, a aprenderlos y a buscar territorio común. Me enfado con el mundo, a veces, busco cosas que rara vez encuentro, duermo poco y dibujo a ratos. También tengo trabajos, claro, pero esos van cambiando. Y por si a alguien se le ocurriera ofrecerme un cambio, aquí dejo todas mis formas de contacto. Bienvenidos

Fotografias (I)

Mi casa aun esta en obras.

Faltan las barras de los armarios, las baldas del salon, colgadores en los baños y la ventana de uno de ellos. Un trozo de marmol negro en la cocina y, por ultimo – para cerrar – el pomo de la entrada.

Entonces todas las llaves seran mis llaves, comprare, amueblare y decorare, pero lo mas importante, deshare, por fin, la maleta – llevo casi tres semanas viviendo en un receptaculo de 80x40x30. Hasta entonces, mis cosas son mas mis que cosas. Habitan encerradas, poseidas bajo llave – porque nunca se sabe -, mas poseidas que usadas.

Por eso, hasta ahora, mi camara no ha capturado ninguna imagen. Y no precisamente por falta de imagenes, porque en mi cabeza se van guardando a miles.



Amanece pronto y atardece tambien pronto. Pero el atardecer es increible. Se puede mirar de frente al Sol, rojo como un tomate, gracias a la nube densa de polvo que envuelve los tejados y que, como una tela, se tiñe con la luz. A esta hora – pronto – el cielo toma el color de todas las cosas. De las rocas, de los saris, de la piel rojiza y antigua.

Janeshvar duerme en el asiento de alante. Es hermoso, con esos ojos asiaticos como de estatua ancestral, y un tilak rojo – color cielo – entre sus cejas, marcando un punto de luz en su cara oscura. Es tan pequeño, redondito, y con una sonrisa tan sincera, tan bonita, con esos dientes tan blancos. Pero ahora Janeshvar no sonrie, duerme en el asiento de alante mientras que, a su derecha, el taxista hace maniobras suicidas entre acelerones y frenazos. Lo mejor es que mientras conduce a lo cafre, tararea una melodia lenta, como tranquila. Como una nana.

Fotografia.

A base de pitidos, mi taxista advierte que adelanta. Una moto con tres ocupantes se echa a un lado. Tan normales, tres, bien apretaditos. Al pasar a su lado los observo: Tres muchachos jovenes, con bigote los tres, se dirigen a la comisaria. El conductor, seriecisimo, firme, lleva como una percha un traje de policia. Parece que no viviera en una ciudad tan caotica, sucia y contaminada como esta, de lo blanca y planchada que luce su camisa. Tambien, planchado y limpito, en la cola de la moto va sentado otro policia.

Su muñeca izquierda va esposada a la muñeca del muchacho que se sienta entre los dos polis. Con los pantalones llenos de barro y una sucia camisa de cuadros que al principio fue blanca y ahora es de aquel color rojizo – el de todas las cosas -, apoya su cara llena de polvo en el omoplato del policia conductor. Como un niño, indefenso, el caco llora mientras se lo llevan.

Fotografia…

Gen.

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